La curiosidad es un juego de suma cero

Vivo en la penumbra de una habitación que se esconde de la luz de las farolas. Y mientras sueño con saber qué haces en este momento, con saber quien eres. Vivo en la parte estrecha del embudo. La banda sonora de mi vida sigue escrita en un cassette. Existo luego pienso. Navego entre lo superficial y lo profundo con una extraña pericia bipolar. Me duele la garganta de echarte de menos y ni siquiera te conozco. Respiro sonidos graves que inundan mi alma. Entro en comas oníricos que me prohiben sonreir. Crecemos luego inexistimos. Almas que juegan en el infierno de la noche. Gente que busca a otra gente que se esconde de otra gente. Móviles que suenan cuando no quieres y que ejercen su derecho al perpetuo silencio sin ser ni siquiera sospechosos. Me gustan las series de abogados. Porque todavía me quedan principios y porque odio los finales. La curiosidad es un juego de suma cero donde las únicas propiedades deberían ser la conmutativa y la asociativa. Me interesa quien se interesa por mí. El hombre invisible es transparente a las miradas de la ceguera existencial. Y mientras alguien consigue verme prefiero seguir rociandome de transparencia. Y mientras tanto, sigo en la parte estrecha del embudo. Mañana habrá luz. Seguro. Existo. Luego pienso.

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