La mercantilización de las ideas

La semana pasada recibí dos bajas. No puedo ocultar que las bajas me afectan. Quizá demasiado. Especialmente porque estiran de un hilo ideológico que oculta un ovillo de preguntas sin respuesta. Creo que vivo en otro mundo. Debo estar haciendo mis veinte mil leguas de viaje submarino. Me hubiera gustado vivir en la corte del Rey Arturo incluso siendo yanki. No entiendo nada. Y me ahogo en vasos sin agua.
La idelogía se metió en un frasco de colonia y apesta. La gente decide su afiliación como quien compra un bote de detergente. Algunos buscan marcas blancas. Otros simplemente cambian de marca por amistad con el de la tienda. La vanalización de las ideas y el envilecimiento de los argumentos. La solidaridad entendida como complicidad con los otros pasó a mejor vida. Nunca pensé que el abismo de los ideales fuera tan profundo.
Es dificil pensar en los demás si no hay tiempo para pensar. Dificil incluso pensar en uno mismo. Los grupos devienen un conjunto de individualides sin sentido. Los intereses pasan de comunes a compartidos.
Es la dictadura de la mediocridad. El nuevo orden democrático. Gobernados por ciegos que no quieren oir y sordos que no quieren ver. Trapecismo sin red en épocas de crisis. Tragos de salfuman ideológico que queman tu garganta y te impiden gritar lo que realmente sientes. La reclusión en tu propia casilla. Cada vez odio más el tablero.

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