El día que el telediario se metió en mi casa

Manolo es básicamente un caradura a la más española usanza. Un coordiandor de remeros clásico. Por diferentes circunstancias me hizo comer la zanahoria. Es un mentirosillo de baja intensidad que produce males mayores. Olvida incluso sus propias mentiras.
Isaac es de Malí. Tiene hambre. Necesita ropa. Aunque más necesita trabajo. Moussubu es amigo suyo. Dicen que son adventistas porque los adventistas les ayudan. Dirian cualquier cosa con tal de ser ayudados. Trabajan duro en lo único que saben hacer: mover cosas de sitio.
Miguel es rumano. Un superviviente. Una especie desconfiada que engaña y es engañado. Sobrevive como las serpientes en el desierto. Con poca agua y mordiendo a cualquiera que se acerque.
El actor secundario Macanaca aparece apenas unas horas en escena para aportar calma a la obra. Y da el giro inesperado. Entonces aparece Eugenio. Creyente. Fervoroso partidario de la Biblia. Colgado de un libro. Y minucioso en su trabajo. Su castellano es flojo pero su paciencia es infinita.
En esta obra todos los personajes son reales. Pero solamente uno es español. El villano. Para que luego alguien diga que vienen a quitarnos el trabajo. Simplemente vienen a hacerlo.

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