El horno alto merece un respeto

La recuperación del Horno Alto número 2 fue uno de los grandes aciertos de la generación que gestionaba la realidad política del cierre de la Fábrica. Cuando todo el mundo miraba hacia ese espacio que quedaba vacio lo hacía con nostalgía si no con rencor. Dejarlo en pie fue un acierto. Hasta el punto de haberse convertido en el icono visual de lo porteño.

Mantener el Horno Alto no es fácil. Se trata de un monumento de metal justo al lado del mar. Podran entender ustedes las dificultades. Esa dificultad lo hace más entrañable. Y más respetable.

El Horno Alto es un monumento. Como lo es el Teatro Romano, la Torre Eiffel o la de Pisa. Un espacio emblemàtico, un icono visual que nos explica que allí hubo una realidad diferente en otra época. Y por eso merece un respeto.

El respeto debería venir preferentemente de quienes más lo asumen más como signo propio distintivo y cohesionador que como monumento estricto. Pero no es así.

Las fiestas del Puerto comienzan cada año con la colocación de una bandera. Esta bandera suele perpetuarse hasta que la climatologia lo considera oportuno. ¿Se imaginan ustedes una bandera del Madrid en La Cibeles durante meses? Además, si nos paramos a observar un poco podremos ver que las dos últimas plantas de la escalera estan pintadas de rojiblanco. ¿Se imaginan la torre de Pisa con las dos últimas plantas pintadas en azul?

La última falta de respeto al monumento, que ahora se intenta recuperar y poner en valor, fue el lanzamiento de un castillo de fuegos artificiales a su pie. Al menos uno de cada tres cohetes explotaba contra el cuerpo del monumento.

Y nadie hace nada. Es más, nadie se atreve ni a cuestionarlo. Es normal. Como muchas otras cosas en este pueblo, el Puerto de Sagunto.

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