La desaparición de las cosas



Las cosas desaparecen ante nuestros ojos. Lo intangible sustituye a lo tangible. Lo abstracto a lo concreto. Mi generación creció tocando cosas, su economia se basó en la fabricación de cosas. Pero nos llevaron de estampida a cruzar el rio mediático de lo virtual donde miles de cocodrilos de lo especulativo esperan llevarse su bocado. Cambiabamos los paquetes de los LP, fuimos a la universidad rodeados de CD. Y ahora se nos llevan nuestros ancianos al purgatorio del P2P, a la inexistencia del MP3. Lo mismo podríamos decir del cine y de todo lo escrito. El apocalipsis de la escritura rinde pleitesia al genesis de lo oral. La historia al reves, un reves a la historia.
Por eso sufro últimamente el síndrome de diógenes de las cosas útiles. Quiero tener música con portada. Quiero tener cine con cartel. Quiero que todo ello ocupe espacio en mi casa y que un disco duro siga siendo un disco de Barón Rojo. Es mi manera de aferrarme a las lianas para poder seguir saltando de árbol en árbol en una selva mediática donde nada vale nada y al final vale todo.
Las cosas desaparecen. Como todo. Pero yo las guardaré en una caja de galletas. En una caja espacial que  un día descubrirá alguien en un desvan, el desvan de la fantasía.

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