La ancianización política


Los espejismos narcisistas suelen ser frecuentes en las personas. Cuando tienes un problema te das cuenta de la cantidad de gente que tiene ese problema. Cuando estas embarazado te das cuenta de la cantidad de embarazos que hay. Te resultan más visibles. En realidad esa realidad siempre ha estado ahí aunque menos visible para ti. Esa es la sensación que me queda tras un periodo de reflexión sobre el pápel de los partidos políticos hoy en día y su estructura. La sensación de un dejavu incompleto, la sensación de nunca haber vivido esto anteriormente a pesar de que las señales estaban ahí. O quizá no, quizá solamente es que el cambio es exclusivamente interno y ahora miro con gafas de presente la mirada del pasado.
Sea como fuera la entrevista a Montserrat Nebreda en CNN + me hizo abandonar la teoria de que una minoria de uno era una locura. Nebreda no puede estar más lejos de mi ideologia y sin embargo detecta una patologia política semejante. Es pues una patologia que forma parte de lo estructural y no de lo coyuntural. Algo que forma parte de lo latente y no de lo manifiesto.
Los partidos políticos y con ellos la democracia española se han hecho mayores. Casi ancianos. Su lentitud de movimientos, su incapacidad para adaptarse al cambio, su lejania del entorno, su mesianización constante alejada de la pedagogia los situan en la residencia para mayores de la democracia occidental.
De todas las circunstancias características de la ancianización una de las más determinantes es la reclusión endógena y la impermeabilidad. Bajo el manto de la comunicación mediada se construyen muros de espectacularización política que convierten todo en una gran superproducción. Listas cerradas y bloqueadas siempre. Programas estáticos que quedan desfasados en el futuro más cercano. Estructuras basadas en la rigidez y el unitarismo, el gran enemigo de la unidad y la pluralidad. Reuniones donde se gestiona más la oscuridad que la luz y más el silencio que la palabra. Pasillos que se agigantan frente a auditorios. Y un lenguaje común perverso que suele dejarte perplejo.
No sé si todas esas rocas estaban allí cuando llegué. Solo sé que encallé. Y ahora doy la vuelta camino de mi isla desierta. Un lugar idilico donde conseguir por fin, ponerme de acuerdo conmigo mismo.

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