Radiocassettes autoreverse y otras cosas a las que uno le acaba dando vueltas



El dragón del Teatro Romano parece que dejará de tirar fuego. Esta semana movió por penúltima vez su cola azotado por el Sant Jordi del Tribunal Supremo. La última y más larga comedia representada en este escenario evitó tener tintes de tragedia. Por fin, nos quitamos las máscaras.

Definitivamente no volveremos a los ochenta donde todo era reversible y lo nuevo ahora nos parece antiguo. Ni siquiera viejo. Antiguo.

Pero hubo una época en que las cazadoras eran reversibles y los radiocassettes más modernos eran autoreverse y llevaban cintas de diversos materiales de la tabla periódica de los elementos.
El Teatro Romano no es autoreverse. En el Teatro Romano sonará para siempre una misma cara. La cara de marmol alejada del aspecto de ruina pero a la vez alejada del concepto de ruina en que vivia sumido durante todos estos años. Esperemos que finalmente se opté por redecorar la republica independiente de Sagunto al grito de esto no se toca, niño con esto no se juega...

Así que esta semana se nos configuró ella sola como la semana autoreverse. Porque si usted tuviera una cinta a cuantas cosas le daría la vuelta?

Yo le daría la vuelta al botellón de la curva. Tenemos el privilegio de tener un botellódromo donde la naturaleza humana desbocada se encarga de darle la vuelta y tumbar a la naturaleza de toda la vida. El alcohol dibuja extrañas perversiones y alimenta caballeros de armaduras sintéticas y doncellas de innobles atributos.

Dando vueltas andamos. Y parece que habrá que darle una vuelta al gasto municipal ante la caida de ingresos. Vueltas y más vueltas son las que acabaron dando los participantes del Trofeo Camp de Morvedre de Baile Deportivo. Incluso en Canet le han dado la vuelta a la Alcaldia y han bailado la alcaldia tras 30 años de pertenecer al mismo partido.
Darle la vuelta totalmente a la economia es lo que les gustaría a los empresarios que celebraban su encuentro empresarial. Y dar una vuelta por la calidad humana de esta comarca fue lo que pudimos hacer en los premios de Onda Cero. Incluso los tejados de las instalaciones deportivas se daran la vuelta para mirar al sol y echarnos una mano con el tema de la energia.

La noria de esta semana tambien nos dejó atrapados sin saber como reaccionar al conocer la muerte de Agustin por las calles del Puerto. Una tragedia representada en escenarios cercanos y lejanos que nos hizo compungir el corazón de espectadores de una obra que nos cuesta entender a veces. Un extraño mareo que se siente cuando el agua de la vida de personas cercanas deja de mover el molino.
Por suerte un trabajador -siempre un trabajador- salvó la vida en un trayecto de ida y vuelta de tanta energía eléctrica como para romperle el alma. Y una pareja de vecinos sobrevivía al hundimiento del barco en el Mar Rojo.

Todo se dio la vuelta en una especie de noria semanal en la que estuvimos arriba y abajo. Así que este fin de semana no se me bajen de la noria, póngan boca abajo sus vidas, disfruten siempre de la brisa en la cara, de esa sensación de libertad que uno tiene aunque simplemente ande dando vueltas al mismo eje. A veces estar anclado es más un signo de referencia y apego que una símbolo de esclavitud.
Hasta la semana que viene... nos escuchamos?

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