Apologia de la calma

Aquellas famosas novelas que ahora resultan aburridas dibujaban un arco iris de palabras desaparecidas entre literatura efímera y mensajes sms. En aquella época un juez podía ser más que valiente, podía llegar a ser intrépido, incluso audaz. Los niños Ni ni que ni estudiaban ni trabajaban crecían haciéndose mozalbetes y con suerte podían llegar a ser guardamarinas enrolados en un barco pirata. Alguien que hacía la peineta a un grupo de jóvenes se convertía inmediatamente en un mequetrefe. Y los ladrones keynesianos soñaban con ser forájidos.

Aquellas famosas novelas de la infancia defendían valores a capa y espada tras máscaras de hierro forjadas entre el honor y el orgullo. Valores hoy lanzados dentro de una botella tras el naufragio generalizado de cualquier sistema de valores. Y que hoy leemos como un episodio de Cuéntame, nostálgicos y venerable.

De vivir en el mismo sitio y ver las mismas historias nos hemos convertido en Simbad el Marino, viajando permanentemente para llegar siempre al mismo sitio.

Y al final, mayores como nos hicimos entre dibujos animados acabamos desdibujados y desanimados. Absurdos como un yanki en la Corte del Rey Arturo.

Entre aquellas palabras siempre hubo una que guardamos a salvo del mar de los sargazos: la calma. Calma señores, calma. Ante todo mucho calma que decían los Siniestro Total. Calma y serenidad para afrontar una situación dificil que no se puede leer en clave de fa porque se escribió en clave de sol. Ejecuten una partitura sobria. Toquen la sinfonia del diálogo. Hagan sonar las trompas del consenso y los timbales de la comprensión.
Háganlo ustedes, los señores de los anillos locales, conviertanse en los señores de la tierra media, ni la de arriba ni la de abajo. Y háganlo ustedes, los caballeros de la orden de los leones. Dejense de retos de Ivanhoe y gobiernen como lo haría el mago Merlin, con imaginación y un poco de magía.
Busquen la calma, porque la tempestad se empeña en seguir adelante.
Busqueu un món de ficció esta mateixa vesprada. Busquen ustedes el oro negro de la calma el domingo. El cine amansa a las fieras.
Calma, necesitamos calma, pastillas de calma, dulces de calma, juegos de calma... sueños de calma.

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