La izquierda que cayó de un muro

Este fin de semana Izquierda Unida celebraba una marcha contra la corrupción entre Seseña y Madrid. Tras el telón de esta marcha parecían aparecer personajes y obras de otras épocas. Mucho antes de que un muro cayera encima de la izquierda y la dejara perdida y desorientada. 
La izquierda no es nada si no contiene la esencia de un perfume de valores perdidos. Y no será nada si no recupera su proximidad a los escaparates. Este fin de semana Izquierda Unida pareció mejorar de su alzheimer colectivo en una ceremonia de espiritismo que conectó directamente con sus ancestros. 
Hubo un momento en los años 80 en que la izquierda decidió quedarse paralizada y estática. Mirando el paso del tren como una vaca. La rigidez tomó sus articulaciones y la lentitud su paso. La inadaptación al nuevo entorno convertía determinadas opciones en dinosaurios de lo asambleario que necesitaban demasiada comida dialéctica para tomar decisiones. La importancia que otorgan a lo externo es tan baja que se convierte en epidérmico, una simple apariencia descuidada pero natural. Su complicidad con la vanguardia comunicativa es la de una marioneta con los hilos cortados. Y en el camino, buscando el compromiso perdieron la ternura. Y todavía peor; perdieron el sentido del humor, el menos común de los sentidos. 
Por eso este fin de semana IU me recordó aquellos maravillosos años en que los poetas tenían armas cargadas de futuro. Aquellos años en que en la cárceles se hablaba de amor. En que las primeras barricadas se construian tras montones de libros. Y otros años en que era posible reirse de lo apocalíptico de una derecha permanentemente nostálgica. Eran años donde los pintores hacían carteles y los fotografos recien inventaban la poesia visual para mantener en el pueblo lo que era del pueblo. 
Por eso este fin de semana IU me recordó que es posible recobrar la épica, esa fábrica de ilusión con la que inundar el mundo. Una marcha andando que recuerda un rio de esfuerzo y de sacrificio, que acaba en  un ateneo que es un mar de cultura y reflexión. Y detras un cartel de personas anónimas colectivas que dibujan su silueta en un fondo cívico. 
Ojalá se dieran cuenta de que lo que hicieron sin querer, se puede hacer queriendo. 

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