Garzón: a mis niños de 60 años.

Hay un disco de Miliki que se llama "A mis niños de 30 años". Nos lo dedicó para recordarnos nuestra infancia con aquellas canciones.
Yo tengo 37 años. La transición me pilló cambiando cromos. Me hubiera gustado saber distinguir entre un montón de siglas. De veras que me hubiera gustado. También me perdí mayo del 68. Al final no había arena bajo los adoquines según me han dicho. Siento haber nacido tan tarde. Lo siento de verdad. Les pido disculpas.
Mi generación vive atrapada y subyugada por otra, la de la transición. Debemos agradecerles la libertad, la democracia, estamos en deuda permanente, inmóviles, meros consumidores de un producto vendido, finiquitado y empaquetado. Nosotros estamos para comer un plato que fue cocinado. Ni siquiera podemos elegir menú.
Nosotros no tendremos la posibilidad de redactar una constitución. De hecho no tenemos ni siquiera la posibilidad de reformarla. Es intocable, sagrada, infinita, perpetua porque ya nos sabemos el estribillo de la canción: "la constitución ha generado el periodo de mayor prosperidad para España". Da igual si ha cambiado todo, si todo es diferente. Si ahora hay otra moneda, si hay otras competencias, si hay internet. Como el anuncio de Ikea, la constitución no se toca, niño con eso no se juega.
La ley de Amnistia me pilló viendo Heidi y Marco. No crean ustedes. Tambien fue traumático para mi ver como Heidi era huerfana y nunca supe casi nada de las circunstancias de la muerte de su madre. Y menos la de Marco, desaparecida y cuyo cuerpo nunca fue hallado que yo recuerde. Quizá por eso yo no entienda ese acuerdo al que llegastéis. No lo entiendo ahora. Supongo que no tuvistéis más remedio. Que debiáis buscar la calma y la serenidad. Tapastéis la herida sin limpiarla.
Vivo atrapado generacionalmente. El silencio del desencanto nos atrapa y nos esposa a una cama de rabia contenida. Y ya está bien. Según qué lecturas, obligan a decir ya está bien. Dejadnos vivir. Dejadnos respirar. Dejad de mitificar la transición. No es sagrada. No es perfecta. No es tan maravillosa como nos queréis hacer creer. Ya está bien.
Las leyes de amnistia de todos los paises són útiles a corto plazo y una vergüenza histórica para el largo plazo. La española caerá por su propio peso. Porque los asesinos deben ser castigados y su memoria manchada. Y porque las víctimas deben ser resarcidas y su memoria recuperada. Y no se trata de una guerra. Una guerra es una guerra. Se trata de un movimiento de exterminio ideológico orquestado desde el propio estado. Un genocidio ideológico de más de cien mil personas una vez acabada la guerra. Una persecución deliberada, enrabietada y gubernamental.
Las leyes emanan de la soberania del pueblo y estan para cumplirlas. Pero hay leyes que estan por encima de las leyes nacionales. Y esas tambien hay que cumplirlas. Garzón no prevarica si utiliza una doctrina judicial sólida, compartida y basada en opiniones y resoluciones judiciales internacionales fundadas. No se puede prevaricar así. Es imposible. Garzón sufre una persecución ideológica a mitad de camino entre la envidia profesional típicamente española y la alformbra de la mierda de esa derechona española hidalga y soberbia que tanto daño nos ha hecho históricamente y tanto retraso histórico nos hace acumular.
Cinco aburridos años de Facultad de  Derecho me enseñaron que bajo las normas usted puede construir un laberinto donde esconderse pero la luz de la justicia está justo al final del tunel.
A mis niños de sesenta años: vamos de paseo sí, sí, sí.. pero en un auto nuevo.

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