Forjando vecinos

Érase una vez un niño de nueve años. A ese niño le daba miedo todo y vergüenza casi todo. Pero le gustaba tanto jugar al futbol que decidió apuntarse al equipo de su barrio. Era una época en la que los niños podían ir por la calle solos. Fue al primer partido con toda su ilusión. No tenía ni botas así que jugó con Zapatillas. Unas Paredes naranjas.
Él nunca se paró a pensar en eso pero para que pudiera jugar su primer partido y cinco años de partidos posteriores hubo una persona que forjó unas porterías. Hubo otra persona a que aplanó un descampado, le quitó las hierbas y lo convirtió en un campo. Había otro señor que ponía redes en las porterias y otro señor, a veces el mismo, que marcaba una lineas más torcidas que rectas pero delimitaban un campo. Había otro señor que buscaba equipajes gratis para aquel niño. Incluso había un señor que se pasaba tres tardes por semana con aquel niño. Gracias Luis.

El tejido cívico de una sociedad es el pegamento humano que construye una sociedad. Las asociaciones de vecinos son la última especie de pensamiento colectivo generalista (no segmentado) que vertebra una ciudad. Si dejamos que el tejido cívico se rasgue de no usarlo. Si dejamos que nadie centrifugue nuestra ropa cívica. Lo único que conseguiremos es construir un precipicio entre las instituciones y la gente. Esta semana la Asociación de Vecinos La Forja planteaba su desaparición. Yo fui a la reunión. Todavía tengo dudas sobre si podré construir algo nuevo y ofrecer un relevo a quien lleva recogiendo la fruta de lo colectivo tanto tiempo.

Creo que aquel día, como mínimo fui a decirle a todos aquellos señores que -para mi- fueron muy importantes, fueron los más importantes, porque me proporcionaron cinco años de felicidad.

Pasen un buen fin de semana y disculpen la intromisión personal pero.. adiós Carmen... lo pronunció yo pero lo decimos todos los que te conocimos.

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