El beso

Viviimos en un desierto lleno de bosques que no nos dejan ver ni siquiera un árbol. Enloquecidos por lo correcto y encorsetados por camisas de fuerza de puro algodón. Gobernantes que deciden a golpe de estadística, periodistas de preguntas previsibles y respuestas previstas, guiones vitales predestinados al fracaso, trapecistas atados por la espalda, astronautas que nunca salen de su nave, gatos encerrados en cada esquina.
Se nos olvidó lo auténtico. Se nos olvidó poder anunciar el tábaco como genuino sabor americano. Se nos olvidó reir y llorar. Se nos olvidó contestar a gritos lo que se nos pregunta a gritos. Porque ahora todo es deliberadamente sútil, porque todo puede ser planificado para generar la falsa emoción buscada. Porque tomamos tanto sucedaneo que ya no nos gusta el original. Porque estamos cansados de trajes a medida y de disfraces cotidianos, de posados y de robados. Saturados de tanta pulpa y de tan poco zumo.
En medio de esta llamarada de aburrimiento, algunas gotas de lluvía dulce. El esfuerzo de contención es tan enorme que la presa de la emoción acaba por reventar. Y gotas de autenticidad te caen en la cara. Lo auténtico de un sindicalista con un megáfono diciendo un montón de palabras que suenan a pitido y que en otra época nos parecieron normales. La sociedad de la comodidad sustituyó a la sociedad del bienestar. Y no perdona desviaciones de loa patrones de consumo establecidos.
Y el beso. El beso de lo auténtico. El beso de Iker a Sara fue auténtico. La autenticidad de quien no podía resistir lo que es irresistible. La sensación de hacer lo que uno desesa en el momento en el que lo desea. Esa mezcla entre la escena final de Dirty Dancing y de Oficial y Caballero donde Iker y Sara acaban bailando y se la lleva lejos de una factoria de publicidad llamada Televisión, después de llorar como un hombre lo que supo defender como una mujer.

El beso de lo auténtico. Intenta besar a una bella durmiente social a la que le gusta demasiado dormir y demasiado poco despertar. El príncipe de lo auténtico se volverá a su reino de la escasez. Espero que vuelva pronto. Lo auténtico vale mucho y cuesta demasiado poco.

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