Finales sin principios, mundiales sin locales

Esto de hacer radioblogs no fue una vocación infantil. Ni siquiera juvenil. Yo siempre quise ser futbolista. Y cuando descubrí que no lo sería, quise ser periodista deportivo. Ese ha sido siempre mi gran sueño. Y mi gran pesadilla. En mi ánimo de convertirme en un gran periodista deportivo descubrí que allá donde iba construía metáforas futbolísticas. Y donde miraba veía futbol y más futbol. Por todas partes. Así que no se extrañen de nada de lo que les cuente a partir de ahora.

Llegaremos a finales pero seguimos sin principios. Si el sonido de las vuvuzelas sonará estruendoso para callar los gritos de la corrupción generalizada, las banderas de la honestidad saldrían al paso de los hooligans tramposos. Si el denominador común que encontramos bajo una camiseta lo encontraramos tambien bajo unos valores el marcador siempre nos sería favorable y Alemania sería un adversario batible en todos los ámbitos. Si la pasión que nos despierta la roja nos sirviera para vibrar en el debate de las ideas. Pero ya lo dijo Ranieri, que si mi abuela tuviera.... manillar y dos pedales.. no sería mi abuela.. sería una bicicleta.

sin embargo, miro el periódico y veo futbol. Las posiciones a la contra y a la corta de los alemanes eran incorrectas. Ahora hablo del Deutsche Bank. Los defensas se adelantaron tanto que dejaron a su propio compañero en fuera de juego. Ahora hablo de Vicente Vayá. La presión era tan asfixiante que apenas disponían de oportunidades. Ahora hablo del tiempo. Esa manera de jugar marrullera y protestona merece una tarjeta como mínimo. Ahora hablo de Ripoll. La afición exige triunfos. Ahora hablo de los mercados. Los aficionados locales se dividen en selecciones que no són las suyas para que haya más ambiente futbolístico. Ahora hablo de la globalización.

El futbol como metáfora de la vida. La vida es futbol. Calderón del Atleti. Futbol es futbol. Vujadin Boskov. El futbol es así. Anónimo.

Esta vez nadie se parará a pensar que el remate de Carles Puyol pueda ser parcialmente inconstitucional ni el corner de Xavi deba ser interpretado. Así que es verdad, aquella Francia intercultural ha dejado paso a esta España catalanizada que juega bonito y amortiza los resultados. Que pasa con la cabeza y remata con el alma.

En todo caso, no me quiero despedir de ustedes esta semana con sabor a carencia. No es que me falte algo es que me sobran muchas cosas. Se despide de ustedes un periodista deportivo frustrado. Disfruten de la imaginación de Iniesta, de la certeza de Casillas, de la astucia de Villa, de la calma de Busquets, de la fuerza de Puyol y de la inquietud de Pedro.

Como dijo Hector Cooper, lo peor de las finales no es perderlas. Es verlas por la tele.

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