Calor, mucho calor.

Hace tanto calor que no se puede dormir. Y mucho menos soñar. El calor derrite los periódicos que vienen llenos de noticias desdibujadas. En verano no es fácil encontrar noticias. 
Leía esta semana una notícia que me soprendió. Una mujer se tira al agua y se golpea en la cabeza. La sopresa nace de la invasión de lo cotidiano a las páginas de los periódicos. Con todos los respetos hacia esa mujer no es algo demasiado anormal. Al tirarte al agua corres el riesgo de golpearte en la cabeza.
En verano la política y los deportes levantan la mano del cuello de la agenda periodística para dejarnos ver lo que casi siempre es invisible. Periodismo humano. Es algo de moda en estos momentos. Intentar recuperar la esencia del periodismo. Hacer visible la invisibilidad es algo que intenta uno modestamente cada semana. Recuerdan aquel hombre invisible que solo era visible ¿al vendarlo? ¿al vestirlo? Pues de eso se trata. De vestir lo invisible con textos recogidos del reciclaje del pensamiento. Quizá el año que viene, junto a esta noticia, aparezcan nuevas noticias donde lo cercano, lo cotidiano, salte al trampolin de la fama. 
Imaginen por un momento titulares como "Raquel hizo sus primeras declaraciones tras su llegada al mundo: dijo mamá y papá". "Rescatado del aburrimiento un matrimonio de más de 30 años". "La bolsa de valores morales cierra al alza en una jornada histórica", "Raúl mantendrá una ronda de conversaciones con amigos que no ve desde hace años". "Miles  personas sonrien este fin de semana". "La inversión en amistad crece un 50% en los últimos dos años". 

Pronto se acabará el verano y con tanto calor sólo se me ocurre ofrecerles algo refrescante. Una horchata granizada de fotografias desenfocadas o descentradas en playas desconocidas y desveladas. Una ensalada de reencuentros con viejos amigos y con nuevos amigos. Un gazpacho de recuerdos que sonrien como lo hace  un buda roto. Un helado de tradiciones festeras. Un cubo de agua que cae desde excursiones en las montañas. Un piscina de diapositivas mentales donde lanzarse de cabeza. 

Pero se acaba el verano. Y entre anuncios de libros de textos plagados de niños con uniforme de colegio privado y coleccionables de camiones de antaño y casas de muñecas, yo me quedo con mi colección de postales de la vida. La empecé hace tres años, me dieron dos fascículos y las tapas gratis. Sólo la venden en el quiosco de la Alameda. 
Si deciden empezar algo, empiecenlo como si fuera inacabable. Y si un día se acaba, como el verano, repasenlo como si siempre estuviera empezando. 

Disfruten del calor, porque hace calor, hace calor y ella tiene la receta para estar mucho mejor, sin trucos y sin prisa, me entrega su sonrisa como una sacerdotisa del amor....



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