El laberinto de las puertas cerradas

Llegué allí por pura iniciativa y sin saberlo. Las paredes eran blancas y lisas. La luz era intensa y blanca. Todas las opciones son incorrectas. Incluso el camino correcto es incorrecto. Los atajos son inservibles.
Y decides quedarte quieto. Buscas la espada porque ya encontraste la pared. Un precipicio más allá de una ventana desde donde admirar un acantilado de más ventanas desde las que se ve el interior del laberinto.
Es un pasillo largo y estrecho. Justo al final de un pasillo largo y estrecho. Que lleva a un pasillo largo y estrecho. Y a cada lado algunas puertas. Puertas cerradas.
Sigues andando hacia un pasillo largo y estrecho. Que gira a otro pasillo largo y estrecho. Donde las puertas siguen cerradas. Y te vuelves a sentar. Desquiciado. Y entonces se abren todas las puertas.
Y decides recorrer un pasillo largo y estrecho. Que lleva a otro pasillo largo y estrecho. Donde las paredes son blancas y lisas. La luz es intensa y blanca. Y todas las puertas estan abiertas. Y miras tras ellas. Y solamente encuentras vacio.

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