El jefe de todo esto

Lars Von Trier es uno de mis directores favoritos. En una de sus comedias (El jefe de todo esto) analiza uno de los problemas del capitalismo moderno de corte extremoliberal, a saber, la interposición en cadena o el círculo vicioso de presión. La comedia la protagoniza un jefe de una empresa cualquiera que ante su incapacidad para ponerse duro con los empleados se inventa un jefe externo inexistente que es quien siempre da las órdenes más complicadas.
El invento es viejo. La cadena de presión se ejerce de diversas maneras. En forma de consumo: tenemos que consumir para que otros puedan trabajar produciendo lo que consumimos. En forma de circulo vicioso de mando: te lo mando porque me lo han mandado y tu se lo mandas a quien se lo tengas que  mandar. En forma de ente abstracto: los accionistas no nos perdonaran... Incluso en alguna empresa alguien se atreve a mencionar la Obra Social como ente abstracto al que rendir cuentas. Hemos llegado a ese límite.  Es como si hubieramos llegado a un macroacuerdo global para fastidiarnos la vida unos a otros.
La necesidad de obtener presión externa para incrementar el rendimiento y para rehuir las decisiones más complicadas es creciente e intercalada. Cada vez más la defensa del juicio de Nuremberg (yo recibía ordenes) es más frecuente.
Sin embargo la semana nos ofrece una metáfora perfecta. El jueves o el lunes nos morimos de asfixia, sin embargo hemos llegado a un acuerdo de "no agresión" los fines de semana, especialmente los domingos.  De ellos se desprende que nuestro ritmo de vida-trabajo forma parte tambien de un contrato social establecido en el que los pirómanos se  nos han acabado haciendo bomberos y nos pusimos al servicio de la economia en lugar de poner la economia a nuestro servicio.
Por eso creo firmemente que nuestros dirigentes actuales se han inventado "los mercados" porque no se atreven a decirnos simplemente que para ellos un mundo mejor es un mundo lleno de gente trabajando todo el tiempo para destrozar el planeta.
Porque el jefe de todo esto nos ordena un suicidio lento y colectivo como especie.
Los humanos somos raros. Pero los in-humanos lo son más.

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