El planeta de los Nimios

La antorcha de una estatua era el único recuerdo del planeta de arena. Alguien la cogió para construir relojes que marcaban un ritmo frenético que convirtió a muchos de aquellos humanos en Nimios. Surgieron como especie. Debió ser alguna mutación producto de la contaminación. No lo sé. Tragaron tanta arena que no la distinguían de los alimentos. Primero eran unos pocos. Pero cada día eran más.  Y los Nimios se hicieron con el mundo. Y llenaron de adoquines la arena. Quitaron las espinas de las rosas. Eliminaron el olor del mar. Y el sabor a los besos. Para poder trabajar con menos interrupciones.
Ellos creían en la Nimiedad como Nueva Religión. Un determinismo filosófico que les conducía directamente a creer que cualquier cosa que hicieran no cambiaria nada el curso de los acontecimientos. Y decidieron no hacer nada. De esta manera nunca nada cambiaba. Aunque en realidad cambió todo. El motor de la historia se averió.
Los Nimios se estructuraron en castas. Por encima de todos estaban los Técnicos. Eran los encargados de crear las soluciones a todas las ecuaciones de problemas que planteaban las castas inferiores. Despues se situaban los Cínicos, conocedores de sus posibilidades que preferían la comodidad de un sistema que sustituía el progreso por la prosperidad . Finalmente estaban los Tétricos, cuya vida transcurría entre entretenimiento, alimentación, sueño y trabajo, sobre todo, trabajo para poder mantener a las castas superiores. Los Tétricos reciben un curso de instrucción para entender su casta y el Principio de Nimiedad: nada de lo que hagas cambiará nada. El Principio de Nimiedad surgió como respuesta al Efecto Mariposa construido durante el siglo XX. Los Técnicos se reunían diariamente en los Mercados y desde allí ofrecían fórmulas matemáticas que permitían a todos los Nimios resolver cada problema por pequeño que fuera. Todos los problemas recibían una sola solución. La solución de los Técnicos.
Apenas quedamos algunos Sapiens. Los que quedamos en la resistencia escribimos canciones sin tener instrumentos para tocarlas. Fueron prohibidos por los Nimios. Hemos vuelto a reunirnos alrededor del fuego en algunas ciudades. Nos hacemos pasar por Nimios ya que el aspecto físico es el mismo. Es fácil manejarte con sus reglas. Solamente has de hacer lo que te dicen los Técnicos. Las reglas se publican diariamente en la televisión. Emiten cada día el mismo programa como si fuera uno diferente. Pero nadie hace ni dice nada. Porque nada cambiaría. Es el Principio de Nimiedad.
La música en directo fue prohibida y solo se permite escuchar fórmulas escogidas por los Técnicos. Los pocos Sapiens que quedamos escribimos a veces recuerdos en un pápel que vamos pasando de mano en mano y luego quemamos para no dejar ningún rastro de pensamiento. A veces leemos libros prohibidos que ofrecen varias soluciones a un mismo problema. Y argumentamos entre nosotros. Pero nunca nos ponemos de acuerdo. Y nos volvemos a reunir junto al fuego. Y volvemos a estar en desacuerdo. Cada vez somos menos y cada vez estamos menos de acuerdo.
Mientras tanto, los Nimios confian en la nimiedad de sus acciones. Y cada día son más.
Ellos circulan por las aceras mientras nosotros tapamos las calles.

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