Estado de Alarma

El Gobierno ha prorrogado el estado de alarma. Llega tarde. Los ciudadanos hace tiempo que estamos alarmados. Y no solo por los controladores aereos sino por un descontrol generalizado y por un cierto aire irrespirable.
Más de cuatro millones de personas viven alarmados por su falta de trabajo y los que trabajamos vivimos alarmados ante la posibilidad de perderlo.
Europa vive en estado de alarma. Grecia tiene disturbios violentos, en Inglaterra se ataca el coche del príncipe y en Italia el mercado de compraventa de diputados abre la veda de la alarma generalizada.

Hace tiempo que vivimos alarmados por pandemias, volcanes, ciclones. La alarma es un negocio rentable para un sistema de medios de comunicación que hacen caja con el miedo. Uno de los afrodisiacos de consumo más importantes de la historia.

Y viendo la perspectiva de las próximas municipales uno se siente tambien alarmado y se pregunta si existe la Plenopatia. Una adicción desmesurada e incontrolable a querer estar en el Pleno Municipal. Por un lado se habla de la vuelta de algunos insignes ex miembros de la corporación y por otro de la continuidad de otros que llevan ni se sabe los años. Uno acaba alarmado al ver como se puede pasar de socialista a liberal de oca en oca sin pasar por la casilla de salida.

Una parte de la alarma se nos va con la marcha de Ricardo Peralta cuya incapacidad explicativa ha quedado manifiesta en asuntos como la arena de la playa del Puerto y los ataques fascistas de los cuales la Comunidad Valenciana es lider indiscutible. Y que Don Ricardo siempre consideró propios de la normalidad democrática.

Tan alarmados andamos que por todas nuestras ciudades y en nuestras propias casas instalamos luces de emergencia que nos acercan mucho más a Las Vegas que a la Navidad. Un concurso de derroche energético a mayor gloria del cambio climático y las compañias eléctricas que hacen su agosto en pleno diciembre.

Aparecen los primeros y alarmantes reyes magos escaladores y quizá algún Santa Claus ahorcado de un balcón cualquiera donde alguien lo puso sin pensar que podria hacer viento.

Y quizá la mayor alarma posible, las cenas de empresa, donde se juega al juego de las sillas para no caer junto al jefe. Y se forman alegres corrillos donde realizar coreografias imposibles y donde nadie da la espalda a nadie. Una alarmante manera de ver de manera diferente a quienes trabajan a tu lado aunque a veces no trabajen contigo.

El sábado por la noche un individuo obstaculizaba el paso de la policia local. Ante la mirada de los agentes empezó a quitarse ropa hasta quedarse en ropa interior. Sin duda vivía alarmado por los mercados, quizá alarmado por la proximidad de la navidad, o quizá le afectó la baja médica conjunta y simultanea de un montón de controladores descontrolados. Seguro que se sintió alarmado por las luces y las sirenas. Pero decidió quedarse casi desnudo. Desnudo y alarmado.

¿No se sienten ustedes un poco así a veces?

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