Gabilondo y CNN +

Siempre quise ser periodista, comunicador, analista de la realidad, de cualquier realidad. Como no me atreví a seguir ese camino en su  momento me petrifiqué como alumno permanente de una facultad con estudios inagotables. Y en ella Gabilondo fue mi mejor maestro.
Fue hace unos días. No hacía ni dos horas que estaba leyendo sobre la libertad de información y de expresión como bases de una opinión pública madura propia de la democracia. Y lo escuché Telecinco no está interesada en una cadena de noticias. Y así me cerraban media dieta mediática.. Porque confieso que mi banda sonora de lo cotidiano era CNN +. Como a cualquier amor que se acaba uno tiene la sensación de no haberle prestado la atención adecuada. CNN+ rompió la dictadura de los telediarios aplicando la actualidad a cada instante desde un punto de vista serio, prudente, plural y tremendamente riguroso. Extremadamente riguroso. Y por eso no puede tener acogida en un panorama mediático dominado por los nichos de mercado radicales. No recuerdo cuando fue pero alguien nos robó la opinión pública para convertirla en audiencia. Y ahora, hartos de comer arena televisiva confundimos el sabor de los programas.
A partir de hoy, viviré un poco más desinformado. Y no por falta de medios sino porque CNN+ nunca se unía al coro mediático que cantaba la misma canción en distinto tono. Y menos lo hacía Gabilondo. Mi maestro de la clase a la que nunca fui. El que me enseñó que la verdad está bajo un montón de capas de apariencia. Con quien aprendí que se puede ser valiente sin ser imprudente, que se puede ser comprometido y a la vez independiente, que se puede atrevido sin resultar soberbio. Gabilondo es capaz de construir  una prosa específica, un vocabulario del analista, un diccionario de la lengua periodística, y construirla desde la densidad y desde la solidez sin perder ni un punto de emoción.
El drenaje de la crisis me deja completamente desorientado. El agua de la dificultad se lleva casi todas las flores que yo admiraba. Y deja indemne todo aquello que me resultaba superfluo. Los mercados, esta vez televisivos, van desmontando los obstáculos que le quedan para constituirnos en una sociedad del entretenimiento donde lo colectivo desaparece, lo común no es más que una suma, y lo propio es el becerro de oro de una sociedad dormida que deja perder lo que gana.
A mi, como a Iñaki, no me podran quitar lo único que tengo. Mi honestidad crítica. Que le vaya bonito. Maestro.

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