Las despedidas

Un cuchillo de hielo entra en tu corazón y se derrite mientras se clava. Alguien estira de tu alma y la fuerza hasta acabar por partirla en dos. Y revisas  un montón de diapositivas de tiempos mejores que fueron pasados y por eso son mejores. Recuerdas vestidos que jamas te volverías a poner. Y momentos que nunca más volverás a vivir si existiera algun momento que se pudiera volver a vivir. Y así te despides. Y donde había presencia hay ausencia. Una ausencia más presente que cualquier presencia. Y solo encuentras huecos donde antes había excesos.
Las despedidas son así. Te despides de un modo de vida. Te despides de un correo diario. Te despides de un beso en la frente. Te despides de una hora exacta. Y los que hacemos de la nostalgía un modo de vida sentimos como una puerta se abre. Y te permite ver una figura que cada vez se hace más pequeña pero todavía la sientes grande. Y sales a la calle y encuentras agua donde antes había fuego. Y miras hacia abajo y solo encuentras un precipicio al que te obligan a saltar desde Arkansas hasta Oz. Y alguien pone el mundo del revés para que tu acabes boca abajo. Y ya nada tiene el sentido que tenía si alguna tuvo sentido y si alguna cosa tiene sentido.
Y un día el teléfono deja de sonar. Y la pantalla deja de hablar. Y el brillo de sus ojos solo refleja la oscuridad. Y ya no queda nadie a quien cantar. Nadie a quien escuchar. Nadie a quien susurrar.
Porque ya no queda nadie. Porque ni siquiera quedas tú. Porque una despedida es tambien una despedida de una parte de ti.

Foto: Raul Aleman. http://blogs.clarin.com/el-retratista/2009/01/21/despedida/

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