Memorias de un hombre olvidadizo

Pierdo recuerdos con la misma facilidad con la que idealizo otros. Aunque como el protagonista de aquella película nuestra sociedad está perdiendo la capacidad para crear nuevos recuerdos.

En casa de mis padres hay un desván. Casi ninguna casa tiene ya desván. Tanto es así que le auguro un fatal desenlace a la propia palabra desván. Allí están los libros de texto de cuando éramos pequeños, juguetes que trajeron unos reyes diferentes que no eran los padres, está mi primera camiseta de futbolista, estan mis medallas. Y es de agradecer, porque soy muy olvidadizo. 
Ya casi ni recuerdo que unos mineros estuvieron atrapados tanto tiempo que a las televisiones les dio tiempo a hacer negocio. Apenas me parece a lo lejos recordar que un día España fue campeona del mundo de algo, pero no recuerdo exactamente de qué. No sé si era corrupción política o prescripción política. Quizá fuera algun deporte. Espero que fuera uno en el que doparse sirviera de poco. 
En cambio, ya ven, los mercados se encargan de recordarme, semana sí semana no, que este año empezaron su dictadura. Nosotros votamos a quienes han de obedecer sus órdenes. Curiosa democracia la nuestra. 
Tendré que empezar a tomar pastillas para la memoria. Me han aconsejado unas: las pastillas Garzón. Pero no sé si tomarlas porque siempre que las tomo tengo la sensación de perderme en laberintos conceptuales o cayendo en trampas judiciales. 
Ya casi ni recuerdo que un Estatut de Autonomia puede convertirse es una especie de traje regalado al que se puede recortar las mangas, hacer más grande el camal o poner menos bolsillos de los que toca. Pero a traje regalado, no le busques la factura. 
Mi incapacidad para crear recuerdos me hace confundir los estados de alarma con el pito de la Fàbrica. Y suena tantas veces que tengo la sensación de ser controlado aereamente. La rebelión de los ricos está tan presente que no la he podido olvidar. Cuando la palabra huelga cambia su significado y escoge sus apellidos. Porque huelgas, huelgas... de las de verdad.. ya quedan pocas y están sometidas a un tercer grado y a la horca mediática. A los que miran solamente se les exige una mirada y a quienes actúan se les exigen gestas heroicas. 
En lo personal, mi mundo dio una vuelta completa. Boca abajo las cosas se ven raras y la sangre se concentra demasiado en la cabeza. 

El año que viene más. Y mejor. El año que viene los sueños se convertiran en recuerdos, las fantasías en realidades y los deseos en verdades o mentiras. Y como dijo Mr Nobody cualquier elección será la correcta por el mero hecho de ser una elección. 
Así que la memoria es un instrumento maravilloso. Es amiga de la  nostalgia y enemiga del rencor. Deberíamos poder decidir olvidar igual que decidimos recordar. 

Les dejo con un cuento de Nochevieja. Un cuento real pero con princesas y trobadores. Tengo vagos recuerdos de las tardes previas a Nochevieja. Y me gustaría dejarles una nota en la nevera para que la lean cuando la necesiten. 

Una tarde, antes de salir, Eric Clapton esperaba a que su mujer se decidiera sobre qué vestido ponerse. Clapton estaba viendo la tele y su mujer pasaba con un vestido, con otro, con el mismo. Cuando casi se había decidido por el vestido debió decidir tambien sobre los zapatos. Clapton sacó su guitarra. Y mientras veía como ella desfilaba ante sus ojos con vestidos, zapatos y preguntandole qué le parecía. Él escribió una de las canciones más bellas de su discografia. En la letra, ella preguntaba ¿Qué tal estoy? Y él contestaba, estás maravillosa esta noche. 

El ocio es el dios de la creatividad. Y la espera es su profeta. 
No desesperen. Esperar siempre vale la pena. 

Feliz Año 2011! 

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