Yo no soy Gabilondo para EPDA

En uno de mis últimos ataques de optimismo pensé que esta crisis haria repensar muchas cosas. Me equivoqué a medias. Los pensadores están repensando. El problema es que a los “business as usual” (negocios como siempre) no les preocupa lo más mínimo el medio ni el largo plazo y se limitan a no pensar. Ellos actúan.
Pensé que se repensarían los límites del sistema capitalista de corte neoliberal. Pensé que alguien repensaría las teorías del crecimiento. Y entre esas cosas que pensé que se pensarían estaba la comunicación. La semana pasada cerraba una cadena de televisión dedicada íntegramente a la información. No era una cadena cualquiera de información 24 horas. Y no era una cualquiera porque había conseguido un ritmo televisivo concreto, definido, riguroso pero especialmente ameno. Casi al mismo tiempo, unas pocas semanas antes, había nacido este periódico al que no di la bienvenida con la solemnidad que merece.
Inmersos en nuestra propia vida y escuchando nuestra propia voz no somos capaces de levantar la cabeza y apreciar la importancia de lo que sucede bajo una apariencia de naturalidad. Hoy en día, levantar -es el verbo más adecuado- un medio de comunicación es una tarea heroica. Hacerlo con profesionalidad, equidistancia y neutralidad es una gesta. Así que cuando el director de este periódico me comentó el proyecto no dudé ni un segundo en animarle y ofrecerle mi colaboración. El cierre de CNN + y el aparente final de la carrera periodística de Gabilondo me ha hecho repensar la necesidad de brindar por este periódico. Se nos acaba el año y la mejor noticia es tener noticias. El trabajo del periodista es cada día más complicado. Las teoría de las emociones salpica cualquier decisión. Las noticias se convierten en productos. Las circunstancias laborales en las que trabajan son demasiado precarias. Y aún así, muchos de ellos y de ellas siguen creyendo en esto como una vocación. La vocación es una palabra casi anticuada de no usarla.
La libertad de información no pasa un buen momento. Cuanto más acceso tenemos a la información menos información se sale de los parámetros oficiales. Vivimos a golpe de argumentario y la realidad mediática se convierte en una realidad más que a veces suplanta a la propia realidad sin apellidos. Es una especie de Photoshop que llega a los partidos políticos y a las empresas incluso empieza a llegar a las personas. Maquillaje permanente que el periodista ha de saber decodificar. Pero para eso necesitan algo más que una vocación. Necesitan un mínimo de solidez económica.
El año 2011 pasará a la historia por el cierre de un medio y el nacimiento de otro. Sin comparaciones pero con la importancia que ambas noticias merecen. Porque ni este medio es aquel ni yo soy Iñaki Gabilondo.

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