El libro del verano

Violeta era una niña preciosa de ojos verdes. Vivia en el campo con sus padres. Le gustaba mucho leer e inventaba historias fantásticas. Casi todas de hadas que concedían deseos y luchaban contra dragones y otras criaturas que acechaban su aldea. Violeta era una niña tan mágica e inteligente que todos los niños querían jugar con ella. Ella inventaba juegos y hacía disfraces para que todo el mundo se pudiera sentir importante. A Violeta le gustaba más jugar en el campo que dentro del Castillo. Se sentía más libre y sentía que podía ir donde ella quisiera. En el Castillo había demasiadas princesas y disfraces caros.

Dalio era un niño de su misma aldea.Tenían la misma edad. A Dalio le gustaba estar con Violeta porque ese rato le parecía que estaba en otro mundo. Los mundos de Violeta eran tan especiales que a veces era dificil entrar en ellos. Y Dalio lo consiguió. Tanto que Dalio y Violeta pasaban horas y horas juntos. A veces leyendo lo que Dalio escribía, y a veces leyendo lo que Violeta imaginaba.
Y así se fueron haciendo mayores Dalio y Violeta. Crecían juntos. Todos en la aldea sabían que había algo mágico entre ellos. Y aunque eran muy pequeños aún.. todo parecía AMOR.
En aquel reino siempre hubo problemas para conseguir agua. Los padres de Violeta habían hablado mucho sobre este tema. Los jueves, cuando Violeta iba al castillo tambíen oía hablar del tema en las calles y en los mercados. Un día se enteró de que el Rey había decidido construir un canal para traer agua de la montaña. El canal bajaría desde la montaña. Por fin, tendrían toda el agua que necesitaban. Los padres de Violeta estaban felices. Violeta tambien. Con la imaginación de Violeta un canal podría convertirse en un oceano, una tabla en un barco pirata y un papel en una vela.
Violeta fue a contarselo a Dalio. Pero Dalio la recibió triste. Ella no entendió por qué Dalio se ponía triste.
Dalio le explicó que el canal que se iba a construir pasaba por el centro de la aldea y que nunca más se podrían ver porque la aldea era pobre y no podían construir un puente.
El canal se construyó y Violeta y Dalio tuvieron que dejar de jugar cada día. Dalio siguió imaginando historias en su lado de la aldea. Y Violeta siguió haciendo magía en su lado de la aldea.
Entonces llego el verano. Hizo tanto calor que toda el agua de la montaña se derritió. Y un día el canal se secó. Solo durante  cinco días. Y cada verano volvió a pasar lo mismo. Violeta y Dalio los llamaron los días raros. Siempre era un lunes raro, un martes raro, un miercoles raro, un jueves raro y un viernes raro. Cinco días al año podían verse. Sólamente cinco días al año.
Violeta entonces inventó un juego. Pasarían los cinco días escribiendo juntos  lo que han hecho el resto del año. Ella le dictaba a él y él después le dictaba a ella. Y así fueron escribiendo unas páginas. Al año siguiente fueron más páginas. Y así cada año.
Un día, Violeta le propuso a Dalio que cosieran todas aquellas páginas. Las partes se hicieron un todo. Cada página tuvo sentido en un libro: el libro del verano. Y cuando Dalio y Violeta tuvieron una nena pequeña cada noche al acostarse le contaban una parte de aquel libro. Y ella se dormía pensando que sus papás era un hada y un espadachin enmascarado. Sin saber que realmente, aquello era la pura verdad.

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