Ética Financiera: La Confluencia de intereses para Kipin Red profesional

El profesional financiero está permanentemente situado en una confluencia de intereses entre su empresa y los clientes. Hasta ahora esta confluencia se ha traducido en un conflicto de intereses en exclusión, es decir, uno de los dos intereses debía ser preponderante con exclusión del otro. La obligación del profesional financiero es, por tanto, defender al máximo los intereses de la empresa.
Así se entiende por ejemplo una reciente sentencia que condena a un alto cargo de un consejo de administración de una de las primeras entidades financieras de España. Esta persona, situada ante lo que pensaba que era un conflicto de intereses, el Tribunal Supremo acredita que fue conocedor de un conjunto de maniobras fuera de la ley para recuperar una deuda de su empresa. El caso es del año 1994, es decir, que durante dieciséis años una persona con un comportamiento de dudosa ética ha venido tomando decisiones de enorme trascendencia en la época de mayor florecimiento financiero de la historia. El tema le costó la plaza judicial y un escándalo mediático al juez Pascual Estevill que jugó un pápel decisivo en que la estrategia de presión fuera posible.
Según la relación de hechos, la empresa financiera maniobró para obtener  el aval personal de los propietarios para una deuda de una empresa. Y esto se hizo mediante la presentación de una querella criminal contra los empresarios aún sabiendo que eran inocentes.
Cualquier persona que trabaje en banca sabe que si ante el conflicto de intereses el profesional escoge, o se sospecha que escoge, el lado del cliente es inmediatamente despedido por "falta de confianza". Esto parece lógico. El nivel de repcrochabilidad ética y social está, en este caso, en el nivel adecuado. Maniobrar con un cliente contra los intereses de la entidad es reprochable. Ahora bien, el nivel de reprochabilidad ético y social pero especialmente empresarial, no resulta aparentemente adecuado cuando el caso es completamente contrario. Por tanto, aquel profesional financiero que excluye completamente el interes del cliente, haciendo preponderante y excluyente el interes de la empresa recibe la comprensión y la protección de la interacción colectiva empresarial. Incluso puede recibir algún premio por su "esfuerzo" más allá de lo que le era exigible.

Quizá la transición conceptual debería basarse en la convergencia de intereses donde es necesario desde un punto de vista ético que ninguno de los dos intereses desaparezca completamente y el equilibrio aunque desequilibrado no resulte excluyente.

Una norma de autoregulación deontológica en el ámbito de lo profesionalmente financiero podría preveer la reprochabilidad de conductas que no entienden que la canalización de flujos financieros es en estos momentos una función social de primer orden y que ello acarrea una responsabilidad social también de carácter profesional donde los comportamientos son autoexigidos y prestigian la actividad.

Mientras el corporativismo cierre herméticamente las empresas financieras el reconocimiento social seguirá destruyendo la imagen de una actividad imprescindible en  una sociedad de servicios. Escuchar los ecos de los mercados exclusivamente puede ser fructífero a corto plazo para una de las partes pero destructivo a medio plazo para el conjunto del tejido humano de carácter económico.

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com