Colgados de la energia

Ramón de la Sota quiso hacer negocio en el Mediterraneo. Y donde no había nada construyó una factoria. Un primer síntoma de progreso económico de carácter industrial en un lugar de habitual mentalidad agraria. Rápidamente ese lugar se pobló de supervivientes que aceptaban lo que fueran para seguir sobreviviendo.

Muchos años después con la llegada de la reconversión el drama del desempleo nos volvió a recordar esa mentalidad de traigan trabajo ustedes al precio que sea, incluso cuando el precio es mi salud o la de mi familia y la de mis vecinos. Y asumimos como normales la instalación de un conglomerado que por separado es poco y todo junto es demasiado.

Desde pequeño se me hizo entender que el humo de la fábrica era el humo necesario para que papá trajera dinero a casa. Desde pequeño entendí que no pasa nada por un poco de alquitran en los pies cuando vas a la playa. Incluso me cuentan que ver el cielo de color naranja por los vertidos al mar era un espectáculo increible.

Del puerto soy pero a hierro ya no me crie ni mis manos son de acero del mineral que trabajé. Son otros tiempos. Incluso en momentos de crisis como el actual el Pleno del Ayuntamiento por unanimidad aprueba un estudio para determinar qué aire estoy metiendo en mis pulmones.

Pero como dijo mi admirado Alex de la Iglesia. Señores y señoras. No somos el centro del mundo aunque tengamos la casa llena de fotos de nuestro ombligo.

Las principales ciudades españolas aparecieron con una boina -que gran concepto pueblerino tipical Spanish- de contaminación haciendo su aire irrespirable. Poco después a escasos metros de esta emisora un fallo de seguridad hace que una factoria de fertilizantes pare su actividad. Alguien acusa precipitadamente a una empresa cuyo fallo de seguridad sería todavía más grave.
Días después Zapatero cambia su política energética. Un cambio más ya no importa. Se diseña una ley explícita para mantener una central nuclear abierta. Nos explican que no hay ningún problema de seguridad. Sin embargo un grupo de activistas de Greenpeace consigue acceder al interior de otra central nuclear, la de Cofrentes y colgarse de una de sus torres de refrigeración sin ningún tipo de violencia ni fuerza. Tuvimos suerte. Si ellos pueden otros grupos más peligrosos lo tendrían realmente fácil.

Vivimos colgados de la energía. Somos yonkis de la energía. Cualquier medida de protección ambiental sea para reducir contaminación o para buscar fuentes alternativas choca siempre con esta adicción. Nadie se plantea la reducción del consumo sino solamente la manera de ofrecer oferta suficiente para el consumo actual y futuro. Competencia en costes, energía barata para el presente. Del futuro ya se encargaran unos seres hipotéticos.

Mientras tanto otros se cuelgan por la energía para recordar que la energía se crea, se destruye y además se transforma.

Quizá deberíamos ir pensando en ser un poco más pobres para ser un poco más felices. El modelo productivo se agota, el planeta se agota, nos estamos colgando a nosotros mismos. Dicen que el pasado y el futuro no existen, que solo existe el presente. Yo creo que no, creo que el pasado es ahora, el presente es ahora y el futuro es ahora.

En el Puerto de Sagunto, en Valencia, en España, en Europa o en el mundo, no quiero vivir en Springfield. No quiero ser Homer Simpson.


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