El movimiento quieto y la arena del desierto

Said decidió montar una empresa de venta arena en mitad del desierto. Contrató cinco comerciales que cada dia insistían en vender cajas con arena a quienes frecuentaban aquel oasis. Said pensó que su cuenta de resultados se vería muy beneficiada y que el producto era adecuado a los clientes. Pero los clientes llegaban sedientos al oasis. Y los comerciales les ofrecían arena. Realizó más de cien reuniones de coordinación, despidió a los cinco comerciales y contrató otros, los tenía de sol a sol ofreciendo arena, y les exigía una mayor dedicación y sacrificio. Organizaba cursos sobre las bondades de la arena sobre la piel y reuniones de coordinación sobre los diferentes tipos de arena. Nunca pensó que la gente acudía al oasis para comprar agua. Arena hay demasiada en el desierto.

El sector financiero va últimamente en bicicleta. La única obsesión de cualquier mediojefe es generar sensación de movimiento. El dinamismo ficticio exige un completo sacrificio sin resultado práctico. El cortoplacismo obliga a llevar un desarrollo tan bajo que pedaleas mucho sin apenas moverte. Vivimos casi en una bici estática. Eso sí, nos pasamos el día pedaleando.

Los cursos extraños se multiplican, las reuniones de coordinación ya no saben ni qué coordinar, los correos con presión psicológica se clonan y todo porque en el desierto es dificil vender arena. Nadie ofrece el agua de los créditos. Nos limitamos a vender arena que nadie necesita convencidos de que su necesidad es la nuestra. Y así se suceden las teorias del sacrificio (más tiempo dedicado) y la abnegación (no pienses demasiado). Los mismos jefes -o sus primos hermanos- que nos mandaron al mercado de los nuevos residentes, el eufemismo bancario de los inmigrantes, mediante cursos y reuniones de coordinación nos envian hoy al afanoso mercado de los seguros. Todo es urgente, especialmente la sensación de purga psicológica de las órdenes. Ordeno luego trabajo. Hasta que en el último eslabón ya no queda nadie a quien ordenar nada. Reunamos para decir que nos hemos reunido. Quedémonos en la oficina para decir que nos quedamos. Intentemoslo para decir que lo intentamos.
Vivimos cada día en una meta volante, levantados del sillin a cada momento. Sin movernos demasiado, sin levantar la cabeza, con la boca abierta del esfuerzo, sin saber donde nos llevan exactamente.
Porque en el desierto no solamente es dificil vender arena. Es que por más que pedalees, no te mueves del sitio.

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