Caperucita y el lobo cambian de cuento

Cuentan que el lobo abordó a Caperucita y le preguntó donde iba. Ella contestó que iba a casa de su abuelita que debía construir un nido con los pocos palitos de madera que le habían quedado de un naufragio de un viaje en barco que empezó hace diez años. El lobo le preguntó qué llevaba en la cestita. Ella dijo que llevaba algo de pureza, un brújula de sinceridad y algunos tarros de sencillez.
El lobo al escuchar a caperucita se quitó la cabeza del disfraz de lobo. Caperucita andaba despacio y el lobo tuvo que aprender a hacerlo también para no separarse de Caperucita en el trayecto hasta casa de su abuelita. Mientras caminaban cogidos de la mano, el lobo le preguntó para qué quería su abuelita la pureza, la sinceridad y la sencillez. Ella hablaba muy deprisa pero andaba muy despacio. Le explicó que la pureza la llevaba para limpiar los sueños que se habían ensuciado en casa de su abuelita. La sinceridad la necesitaba para trazar correctamente el camino y la sencillez la llevaba porque a veces tenía sed y le gustaba beber agua fresca de sencillez. Era lo único que ella bebía. El lobo decidió descalzarse de las patas de lobo para poder andar más cómodamente junto a ella. Decidió adelantarse para demostrar a Caperucita que el lobo no es tan feroz como lo pintan. Mientras corría fue recordando aquel tiempo en que todavía no le había crecido el disfraz de lobo. Llegó a casa de la abuelita poco antes que Caperucita. Convenció a la abuelita de que necesitaba desmotrar a Caperucita todo lo que había aprendido. Y ella le cedió su sitio en la cama. El lado izquierdo. Entonces llegó Caperucita y enseguida reconoció que no era su abuelita la que le esperaba. Pero el cuento a estas alturas era tan raro que le pareció divertido. Caperucita preguntó: Qué manos más grandes tienes. Y el lobo que no era lobo le contestó. Son para acariciarte mejor. Caperucita insistió: Qué ojos más grandes tienes. Son para hacerte más grande. Y Caperucita tuvo claro que el lobo ya no era lobo así que ella decidió dejar de ser Caperucita y se quitó la capucha roja que cubría su cabeza para preguntar. Qué boca tan grande tienes. Es para besarte mejor. Y el lobo que no era lobo abrazó a Caperucita que ya no era Caperucita. Hicieron el amor toda la noche. Desde encontes, él viste un poco de rojo. Y ella a veces aulla a la luna desde la casa de su abuelita. Donde había construido el nido.

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