Programas electorales

Llevo leyendo programas electorales unos veinte años. He participado en la elaboración de tres programas de tres elecciones municipales. En el último de ellos fui coordinador e intenté dar coherencia a todos los escritos, aportaciones y reflexiones que se me hicieron llegar. Y llegué a  una conclusión: el programa programa pocas cosas.
Por un lado, el grado de coincidencia entre programas electorales de diferentes fuerzas políticas a nivel municipal se acerca al 80%. Si eso es así no existe justificación para la evitación sistemática de pactos. Si se anteponen los intereses de la ciudad a los propios el grado de coincidencia programática debería conducir al pacto. Así, en puridad, un partido político debería intentar ejecutar la mayor parte de su programa y consideraria un éxito este logro aunque eso se logrará por un pacto. Sin embargo, existen reglas no escritas en los programas que los invalidan. La inexistencia de pacto deriva de valores no incluidos en el programa. El PSOE no incluye en su programa que nunca pactará con el PP aunque la ciudad esté en estado de emergencia, el PP tampoco lo hace.
Los programas municipales se forjaron en una época de cierta previsibilidad. Actualmente la programación en el largo plazo es prácticamente absurda. Es una mera declaración de intenciones. Especialmente si se baja al detalle. La situación es tan cambiante que intentar metodizar hasta el último detalle (programa, programa, programa) conduce a un carretera recta que nunca asume la presencia de las curvas o de la noche. Vivimos en entornos inestables. Nuevas informaciones llevan a nuevas conclusiones.
Los programas contienen un nulo grado de interacción prehistórico a determinadas tecnologías. Simplemente la tecnofobia habitual del homo hispanicus asume como normales situaciones que ya no lo son. El programa es un pack que se ofrece al votante como algo inanimado, una fotografia. Sin embargo, debería ser una película en constante evolución y que responda a las exigencias de personalización e interacción del receptor-votante-ciudadadano-exigente.
El programa pocas veces se enmarca en un prólogo de valores. Los valores son personales. Y las personas que los asumen son tan importantes como los valores asumidos. Pocos programas incluyen voz propia valorativa. A lo sumo unen fotos y compromisos. Sin embargo, nadie te dice si la sinfonia está escrita en clave de sol o en clave de fa. Y créanme, nada suena igual.

Si dependiera exclusivamente de mi yo les haría llegar un programa electoral con la página izquierda llena de propuestas trabajadas por quienes dominan la información. Y con la página derecha en blanco para poder ir rectificandolas y añadiendo nuevas fruto de la sabiduria populary del sentido común. Y les explicaria quien soy y cómo actuaré ante determinadas situaciones. Les explicaria mis valores. Y no les engañaria con falsos profetas. Les diria que esto es lo que sabemos por ahora. Y que si les parece bien cuando sepamos más seguimos hablando.
Y si ustedes creen que esto es política ficción, espero poder demostrarles lo contrario muy pronto.

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