¿Quién se ha quedado mi queso?

Ando haciendo mi trabajo en un entorno de cambio constante y vertiginoso. Cambio de cambio sobre evolución de un cambio constante. El más importante -en mi mundo particular- es la conversión de las cajas de ahorro en bancos. Y he recordado algo que ya pensé una vez y nunca escribí. Y ha sido producto de escuchar tantas veces la frase "esto es lo que hay" sin pensar en ¿qué es esto? ¿qué es haber? y ¿por qué esto es lo que hay?

¿Quien se ha llevado mi queso? es un best seller de la literatura empresarial. Lo leí atentamente sabiendo de qué tipo de cultura venía, la anglosajona de subtipo american way of thinking. Y aún así no pudo ser más decepcionante. En la literatura organizacional como en parte de la literatura de autoayuda se está instaurando un sistema de felicidad individual basado en la asunción gozosa de cualquier realidad que no soporta el más mínimo análisis histórico. Y además constituye un estado colectivo de aletargamiento y seguimiento permanente de nuevos quesos individuales.
El análisis y asunción del cambio como método de supervivencia y la adaptación al entorno es una arma de doble filo. Por un lado permite el avance social, tecnológico, comunicativo, ideológico y la generación de felicidad ya que empeñarse en recuperar lo perdido es un sinsentido. Ahora bien, el libro parte de una concepción del cambio como algo congelado. Liliputienses y ratones se enfrentan a reglas ya dadas sobre las que no pueden intervenir. Por tanto, se parte de una aceptación celestial de designios divinos sobre los que no se puede actuar. La vuelta a una monarquia oligárquica empresarial de pocos pensadores y muchos asumidores. Sin embargo, la vida humana -y la laboral-empresarial por tanto- está llena de cambios y decisiones sobre los que se puede actuar (democratización empresarial).. Este conformismo feliz y gozoso que pregona la filosofia empresarial cotidiana publicada en revistas como la de mi empresa tapa la capacidad crítica de acceder al impulso y creación del cambio. Así, se obvian preguntas como ¿Quién decide como se reparten los quesos? o ¿Quíen decide donde se colocan los quesos? ¿Quien decide si son quesos grandes o quesitos pequeños para tocar a más quesos y repartir el riesgo del cambio? Y finalmente por qué quesos y no manzanas que son frutas maravillosas y saludables.
La historia se ha encargado de demostrar que no todos los cambios son saludables. Algunos son involutivos y otros injustos. El conformismo ante cualquier cambio generará una profunda comodidad individual y  un profundo malestar colectivo. Sugiero al autor del best seller que situe algun ratón que cuestione el reparto de quesos, que intente averiguar el proceso de fabricación de los quesos y que se rebele en favor de un sistema más democrático de reparto de los quesos. Y si después de hacer todo eso el cambio persiste. Sugiero que decida si quiere quesos o manzanas. No sea cosa que el que fabrica los quesos tambien fabrique las trampas para ratones.

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