Fotógrafos de oficio

En cierta ocasión leí una entrevista a un fotógrafo. Había hecho y publicado una foto de un niño que agonizaba de hambre en África mientras un buitre le acechaba y espera su muerte. La periodista que le entrevistaba le preguntó por qué en lugar de hacer la foto no ayudó a ese niño. Él explicó que justo al lado había muchos más niños muriendo y que su única manera de evitar que otros niños murieran era hacer su trabajo y hacer que todo el mundo viera lo que estaba pasando allí.
Hoy recuerdo aquella entrevista manejando alguna certeza y algunas dudas. No sé si el fotógrafo hizo lo correcto. Sé que no quiero ser fotógrafo.  Y aún así me escondo en la terapia del teclado y la pantalla. No quiero pasarme la vida retratando la injusticia. La única manera de resolver algo es interviniendo sobre ello. Desde la pasión de la inteligencia y desde el horizonte de la rebelión ante la injusticia.
Vivimos tiempos grandilocuentes donde se hacen grandes revoluciones en pequeñas plazas. Esta mañana viví una inacción minimizada y esta tarde una acción maximizada. Hice todo el recorrido. Y en ninguna de las dos plazas entendí nada.
Espero que mañana no me saquen a la pizarra. Los niños de la guarderia son crueles cuando me quedo en blanco y me pongo un poco rojo.

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