Qué hace un chico como yo en un sitio como este


De pequeño estudié en el colegio de Begoña. Para bien y para mal. Begoña era uno de esos colegios que dejan huella. Para bien y para mal. Al que solamente podíamos ir hijos-niños de productores. El caso es que estoy bastante orgulloso de haber ido a ese colegio. Para bien y para mal.
Hace poco, Agustin colgó una foto en Facebook de nuestro segundo de EGB si no recuerdo mal. La nostalgia hizo el resto. No se confundan. La nostalgia forma parte del presente porque el recuerdo es una parte de la vida. Así que dentro de dos semanas nos vamos de cena un montón de casi cuarentañeros y begoñeros treinta años después de aquella foto.
En aquella foto se ven rostros de proyectos de personas, ojos de ilusiones de ser cosas de mayor, sueños dibujados en pantalones de pana, sonrisas al futuro, recreos de experiencias por vivir y deberes de la vida por hacer. Así que, en la cena haremos repaso de todas esas cosas.
Supongo que ellos tendrán curiosidad por saber cómo el niñó más tímido del mundo acabó metido en estas cosas de la ideología y la política. Lo cierto es que el niño que le daba vergüenza tener vergüenza también quiere explicarselo. Y lo haré hoy por anticipado. Y de paso que se lo explico a ellos, me lo explico a mi y a ustedes les cuento una especie de cuento para que entiendan que tras los cárteles, las siglas, las fotos, las declaraciones y los titulares siempre hay personas e incluso personitas. Y que eso es lo que hace que la política en mínúsculas valga la pena.
En séptimo de EGB, cuando los molinos eran blancos y la gente escribía sin saltarse letras porque tenía más de 160 carácteres de espacio para pensar, nos propusieron un ejercicio en clase. Se trataba de hacer un debate sobre política municipal. En esa época surgieron rápidamente niños que querían formar parte del PCE emblemático en la lucha por la democracia, algún niño también del PSOE que acababa de arrasar en las elecciones, pocos niños en el Puerto querían ser de AP y quizá alguno más del CDS y del CIPS que creo que ya existía. Cuando la cosa parecía más o menos hecha levanté la mano. Faltaba el partido de mi padre. Así que el profesor me permitió formar la Unitat del Poble Valencià en Séptimo B de Begoña en el Puerto de Sagunto cuando todavía no era pecado mortal ser valencianista en este pueblo. Mi compañero de pupitre se apiadó de mi soledad y se unió al proyecto.
Comenzó el debate. Para que vean lo poco que cambia la política municipal en el fondo, el debate principal fue las cagadas de perros. Yo intenté profundizar todo lo que puede profundizar un niño de 12 años. Siempre había echado de menos poder beber agua sin subir a casa. En el Puerto de Sagunto de los 80 no había fuentes. No se podía beber agua en todo el camino desde Begoña hasta mi casa en el Triangulo Umbral. Fuentes. Necesitábamos fuentes. Mi idea fue aprobada entre el consenso general. Sorprendió un poco. Y yo me fui a casa orgulloso a explicarles a mis padres mi pleno municipal.
Así que, a mis compañeros de Begoña no les extrañará que acabará en estas cosas. Allí me forjé en la gestión de la minoría, en la fabricación de las ideas, en el respeto a los valores y la necesidad del trabajo para sacar todo eso adelante.
Porque mirando ahora aquellas fotos, en el fondo, mientras jugábamos en el recreo, mientras copiabamos o estudiábamos examenes, mientras nos sacaban a la pizarra y nos castigaban de rodillas en unos pupitres con barras abajo, ya se nos notaba un poco de lo que ahora somos de mayores.

Bueno.. que ya soy un poco abuelo cebolleta, será la crisis de los cuarenta que se acerca. Sólo quería recordarles que en cada lista municipal hay 25 historias como ésta. Que merecen respeto aunque no esté de moda el respeto.
Pasen un buen fin de semana, y recuerden que en cualquier momento el suelo se mueve bajo sus pies y su mundo se tambalea. Mientras los cimientos de su vida estén firmes hagan el favor de no estarse quietos.

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