Factory Sin Aire

En el año 1 antes de la indignación la aldea gala intentaba resistir con  una huelga general que se empató a cero sin goles. Recuerdo bien aquel día. En el centro de Valencia hay muchas tiendas de ropa. Siempre me ha llamado la atención mirar las caras de la gente que va por las aceras cuando voy de manifestación. En este caso las caras que más me llamaban la atención eran las de las dependientas. Nos miraban, me miraban como los simios miraban a Charlton Heston, como los niños miran a los animales del zoo, con una mezcla de sorpresa, curiosidad, admiración y miedo. Sin embargo, posiblemente eran ellas las más afectadas por la reforma laboral.
Ana era una chica jovén y fuerte. La encargada en una de esas tiendas de ropa donde tú te compras esa prendas especiales con las que disfrazarte de princesa del desengaño. Una de esas tiendas donde la música de discoteca está a volúmenes poco saludables para fomentar tu consumismo compulsivo. De esas tiendas donde las trabajadoras van siempre con un aspecto "tan saludable" que alguna vez te has llevado una colleja de tu novia por mirarlas. Ana trabajaba diez o doce horas al día recibiendo pedidos, coordinando el equipo bajo un ritmo frenético y pagado... bueno digamos que pagado.
Un día descubrió que en su cabecita además de un montón de sueños había  un problema congénito muy grave. Lo descubrió porque se empezó a encontrar mal, fue al hospital y apareció en la UVI. De joven y fuerte pasó a joven.
Ya me empeñé en recordarles que la ley de selva sirve para individuos fuertes sin memoria del pasado y sin visión de futuro. Lo cierto, es que como Ana, no siempre seremos jóvenes y fuertes.
El diagnóstico fue rápido: no podía realizar ningún tipo de esfuerzo mientras miraban la manera de entrar en su cabeza y resolver el problema. Sí, entrar en la cabeza, han leido bien. El riesgo era caer al suelo y volver a aparecer en la UVI o en fin.. cosas peores. Así Ana empezó una larga lucha para conseguir que la Seguridad Social le reconociera su derecho a una incapacidad laboral.
Entonces recordé la imagen de las dependientas mirándome como un animal del zoo. Y pensé que la batalla de Ana seria individual como todas las que libramos en esta guerra que empezó Lehman Brothers. Pero no. Vi como en su muro de facebook empezaban a aparecer palabras de reivindicación. Y así llegó a la indignación y las elecciones. Y pidió el voto abiertamente para una opción que entendía más cercana a sus inquietudes. Y se unió activamente al 15M. Y se enfadó conmigo abiertamente por formar parte de esa especie de antiguo regimen en el que los indignados han metido a mundo y medio.
Ella entendió que lo colectivo conduce a la mejora de lo individual. Y esta semana, la seguridad social ha sido obligada a reconocer su derecho individual. La crisis nos pasa por encima pero no nos apisona. Hay gente que sigue queriendo estar de pie antes de morir arrodillada.

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