Los globos de la globalización

A finales de los 90 la globalización era la religión de moda. Aún hoy nadie se atreve a cuestionar algunos axiomas. La libre circulación de bienes y servicios facilitaria el crecimiento de las regiones pobres y el consumo de las zonas ricas del planeta. Había que liberalizar y eliminar obstáculos para que todo circulara más fácilmente. 
Lo cierto es que hay cosas que viajan más rápidamente que otras. Y de aquellos polvos vinieron estos lodos. 
Hay dos mercancías que viajan infinitamente más rápido que cualquier otra: el dinero y la información. Y así formamos los dos globos de la globalización que siguen hinchados antes de explotar. 
El globo informativo es el que nos hace vivir alarmados permanentemente. Las empresas para mantener el umbral de consumo necesitan crear necesidades nuevas y consolidar las existentes. Para eso se utiliza la televisión (incluyendo cine, series y publicidad). Las cadenas necesitan audiencias para vender a sus anunciantes. Los anunciantes necesitan audiencias para vender sus productos. La información pasa a un segundo plano. Vale todo con tal de conseguir audiencia. Y las emociones consiguen audiencias más baratas que las razones. Nadie pide cuentas de qué tipo de audiencia mira un programa. Si hay cuatro millones de ojos mirando un aparato a la agencia de publicidad le sobra para convencer al cliente. Pero las audiencias son buscadoras de sensaciones y necesitan umbrales de alarma superiores como el adicto que incrementa sus dosis. Y así un día un presentador brasileño paga por matar para ser el primero en cubrir el asesinato. O el primer diario del Reino Unido pincha el teléfono de una desaparecida borrando mensajes y haciendo creer a la familia que podría estar viva. 
El globo del dinero se ha hecho famoso bajo el pseudónimo de "los mercados". El dinero viaja felizmente e instantaneamente apretando un botón. Y va donde más rentabilidad se ofrezca a corto plazo. Irá a cualquier lugar del mundo que ofrezca rentabilidad alta. La tasa Tobin intenta frenar ese tipo de movimientos o al menos recaudar los suficiente para generar una red de caida financiera. 
La globalización no tuvo en cuenta los costes de traslado. Llevar los productos de un lugar a otro partiendo de la ventaja comparativa local implica la desconsideración de los costes de transporte. Ir de aquí allí tiene un coste energético y ambiental que parece no querer contabilizarse. El planeta se encargará de pasar la factura. 
La próxima vez que globalicen hagan el favor de mirar que todos los animales de esta selva no corren igual de rápido. 

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