Les cartes de Pau

El miéroles nació Pau, el hijo de mi hermana Nieves y mi cuñado Oscar.

De momento solamente sabe llorar para decir las cosas. Siendo un chico quizá haya que volver a enseñarle a llorar otra vez de mayor. Pero de momento llorando pide comida y llorando expresa su indignación.
Todavía no nos entiende. No creo que nunca lo haga. Y casi lo prefiero. Tengo que ver como le explico que formo parte de la primera generación que pudo acabar con el hambre en el mundo y con la mayor parte de las enfermedades del planeta y no lo hizo por intereses económicos propios. Veremos como le cuento que también soy la primera generación que no supo defender sus derechos laborales y le dejó menos de los que encontró.

La verdad es que le deseo que tenga una vida llena de estaciones. De otoños, de inviernos, de primaveras y de veranos llenos de rastrillos y castillos de arena. Sin fanáticos cristianos o islamistas que decidan como dioses sobre la vida y la muerte de los demás. Espero que tenga una vida con recreos en los que jugar a la vida y donde cualquier excusa se convierta en casa.

Le deseo que crezca sin miedo a crecer y pueda llegar al cielo de su propio éxito personalizado trepando por una habichuela de esfuerzo y compromiso. Que tenga la energía de Mazinger Z.  Que siempre conserve los principios de Peter Pan. Que viaje mucho. Tanto como Gulliver o  Simbad el Marino. Que haga cruceros de veinte mil leguas de viaje submarino y viaje al centro de la tierra. Que tenga la valentía de Ivanhoe y nunca se sienta en el mundo como un yanki en la corte del Rey Arturo.

Le deseo que sea capaz de vivir en una cabaña tan sólida que ningún lobo de los mercados sea capaz de derrumbar de un soplido. Ha nacido en la cara buena del mundo así que espero que recuerde dejar migas de pan por el camino aunque nunca tenga que volver por él porque todavía hay gente que con sus migas puede alimentarse.

Le deseo que la audacía del Capitán Trueno y la virtuosidad de Crispin. Que recuerde siempre robar a los ricos para darselo a los pobres como Robin Hood y que consiga zafarse de todo lo que le aprisione como Houdini. Que sepa entender la austeridad de los Picapiedra y  sea capaz de diferenciar a los embaucadores flautistas de Hammelin de los leales violinistas del Titanic.

Le deseo que entienda que nació en un pequeño lugar del mundo que no es ni mejor ni peor que ningún otro pero es el suyo.

De momento, lo mira todo y lo observa todo. Y eso, cuando está despierto. El resto del día, simplemente sueña.

Pau, les teues cartes són bones cartes... perquè són cartes de pau.

Benvingut al món.

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