Madrid tras la cortina

He estado un par de días en Madrid y ella me ha dejado ver tras la cortina. Estuve otras veces pero la ciudad siempre fue secundaria, escondida siempre. A veces tras una cortina de deseo, otras veces tras un telón de ideología. Siempre bajo las sábanas de la pasión. Siempre hubo ojos más bonitos que los de la ciudad. Ojos que ahorrar para el futuro. Madrid siempre fue para mi un gran teatro donde se representaban comedias y tragedias que impedían mirar más allá del escenario. A veces era posible mirar hacia el patio de butacas para identificarte con alguno de los asistentes. Pero siempre fue un escenario de amor imposible, de huida furtiva. Un cápsula del tiempo donde lo importante dejaba de ser la capsula y pasaba a ser el tiempo. Así que por primera vez la miré a los ojos a ella. A la ciudad.
Y bajo la sombra de la grandilocuencia aparecía un Sol indignado con la solemnidad. Escondido tras edificios de demasiadas plantas aparecían templos egipcios adorados por miles de seguidores paganos a la búsqueda del Dios de la calle. Esta vez la miré a los ojos y me encontré expulsado del casino de Torrelodones. Por fin miré tras la cortina y pude ver Madrid de la common people, que es capaz de distinguir entre raciones y tapas. Donde es posible conocer a desconocidos. Una ciudad que escondía tras la cortina rios y rosas. Bajé a las catacumbas de la indignación donde todavía algunos conversos luchan para poder escoger su derrota. Por fin abandoné Kansas y llegué a Oz por caminos de flores siguiendo a Dorothy. Ella me mostró otros leones, algún espantapájaros inteligente y que los hombres de hojalata relucen menos por la noche. 
Tras la cortina de Madrid descubrí que la provocación es mi vocación. Cenar se elevó a un nuevo concepto. Y escuchar no fue antónimo de hablar. Conversar se pareció mucho a versar. Descubrí que las guías del viajero se esconden bajo un montón de libros viejos, tapadas por las guías turísticas. 
Esta vez la vi. Tras una cortina rojigualda. Llevaba pitillos ajustados. Era Lady Madrid. Ya te entiendo Ismael. por qué tú siempre vuelves a Madrid. 

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