La luz de Cracovia

Tras un par de semanas en que el radioblog se transformó en un "Cuentos para pensar" hoy volvemos al formato habitual. Les confesaré que esas dos semanas he estado de viaje por tierras de Irlanda y Polonia. Viajar es un aprendizaje básico. Cosas que en otros lugares son completamente evidentes en el nuestro quedan completamente tapadas. De Cracovia -una ciudad que les recomiendo visitar- llama la atención su luz. La ciudad está perfectamente iluminada para resultar atractiva por la noche. Como si por la noche se vistiera de gala para seducirle. Y la seducción incluye algo tenue, no excesivo, quizá austero. Algo elegante, sin miedo a la oscuridad, sabiendo que la noche es noche, no algo tenebroso sino algo recogido. Cracovia sabe eso y se muestra al mundo así. Lejos de lo conceptual, España, Valencia, Sagunto y el Puerto han elegido otro modelo de iluminación que parte del odio a la noche y pretende convertirlo en un día artificial. Por eso odio esa farola que invade mi habitación nada más encenderse y me obliga a cerrar las persianas para poder dormir. La noche es noche. Es oscura. Siempre fue así.
Nada más llegar me encontré con la Venganza de Texas y un montón de dirigente desbocados con la motosierra en mano recortando todo lo imprescindible. Los mercados son voraces y siguen pidiendo garantias de solvencia. Pronto seremos un país financiado sin nada que financiar.
Surge una amplia corriente de opinión con estudios y planificaciones sobre la manera de optimizar la gestión de las administraciones públicas. En ese ámbito parece que se han descubierto duplicidades. Ahora solamente nos falta saber cual de las dos duplicidades es la que se elimina en un estado multinivel. ¿Más cerca del ciudadano o más cerca del gobernante? De  momento parece ser que en España hay demasiados municipios así que puede que la principal medida de austeridad adoptada por este municipio sea permanecer unido. ¿Se imaginan un proceso de segregación abierto ahora mismo?
Yo seré más valiente que el torero espontaneo Allessio Rastani. No solo les diré que hay mucha gente ganando mucho dinero con la crisis y su sufrimiento. Les diré que eso ya pasaba antes y que pasará en el futuro. Y que el problema es que en la sociedad más informada y mejor comunicada de la historia no seamos capaces de ir a por ellos y que dejen de reirse en nuestra cara.
Y por cierto, ya es oficial. A partir de ahora se cobrará por escuchar la radio en casa. La única manera de no pagar es sintonizar Onda Cero Sagunto con los ojos vendados vestido o vestida de primera comunión y bailando la macarena.

Ténganlo en cuenta. Vivir en una sociedad tan alarmada empieza a ser alarmante.

Las hormigas también viajamos.

El internacionalismo se gesta viajando. Pero el nacionalismo no se cura así. Acabo de visitar Dublin y Cracovia. Dos ciudades de reflexión ideológica. La distancia genera relatividad y una cierta invisibilidad. El turista vive en una burbuja, el viajero es un voyeur de la vida oculta y el visitante camina de la mano de la realidad desvelada. Desde la invisisibilidad y el anonimato la relatividad permite unir la nueva realidad y casarla con la propia durante unos días. Las dos ciudades cuentan con abundante clase trabajadora. Son ciudades de turismo obrero básicamente. No por el que va sino por lo que encuentra. Pero las dos ciudades tienen más cosas en común. Frecuentemente el internacionalismo de base marxista ha prescindido de las cuestiones postmaterialistas como la nación y la religión. Un error de primero de sociología. . Dublin interesa por la combinación de vector identitario y de clase. De nacimiento inacabado revolucionario reciente su combinación de liderazgo identitario y de clase trabajadora llama la atención. Allí esa combinación se vive con normalidad. La lucha de país es también una lucha de clase. Dicho esto con todos los matices de una realidad poliédrica. En España solamente Euskadi mantiene esta épica de la izquierda con gudaris y sensación de “worker”. El resto o bien se ha decantado por aspectos predominantemente identitarios (BNG y la actual Esquerra) o exclusivamente identitarios. En nuestro país, a pesar de las bases fusterianas, el Bloc se constituyó en un frentismo de denominador común progresista que configuraba un juego de franquicias de suma cero ideológica. A nivel local el segregacionismo mantuvo una cierta esencia irlandesa en sus inicios hasta llegar a la paella mixta actual donde de todo se le pone a esa paella.
 Cracovia dispone de un distrito llamado Nowa Huta. Se trata de una ciudad diseñada integramente como un experimento urbano del fascismo comunista. Viviendas iguales para trabajadores iguales que vivían justo al lado de las fábricas. Curiosamente fábricas de acero. Entenderán que para un porteño aquello era un filón de primera magnitud. Uno no podía evitar sentirse a veces en Churruca o la Ciudad Dormida. El fascismo comunista también andaba preocupado con el control y la sensación de comodidad. Así se configuró gran parte de Nowa Huta y algunas partes del Puerto. La estratificación de la disposición arquitéctónica de la ciudad es evidente como lo es en el Puerto.
 Pero para encontrar los matices de las ciudades ya hay que sacar el rastrillo y el pozal. Los centros de las ciudades europeas empiezan a ser intercambiables. Para respirarlas es imprescindible subirse al transporte público y abandonar el aroma a kebab mezclado con pizza, la luz de las franquicias, el imperio de los supervivientes y descubrir el sabor de lo real aunque ya casi nada sea auténtico.
España vive el vector identitario como un conflicto. Tiene razones para hacerlo. No lo niego. Pero conceptualmente debería ser una riqueza incalculable porque con el camino que llevamos el centro de Valencia se podrá cortar y pegar en Madrid o en Barcelona, en Dublin o en Cracovia. En una especie de ciudad neutra aislada de su entorno turísticamente mundializada.
El reto de la izquierda será preservar la identidad sin perder la conciencia de pertenecencia a una clase social. Aunque a los turistas siempre les interesen las excentricidades de los ricos a lo largo de la historia. Las hormigas también viajamos. Y queremos saber lo que hace las otras hormigas sin convertirnos en reinas por unos días.

La verdad está en la amargura


Siempre pensó que su destino era ser alguien especial. De alguna manera las humillaciones de la infancia no eran más que el anuncio de un futuro eterno. Sabía que se convertiria en alguién que todo el mundo recordaria. Tenía algo de miedo a salir a la calle y no le gustaba demasiado la gente. Le gustaba mirar la tele y hacer zaping. Hasta que descubrió aquella cadena. La cadena amarga. Cada día decían lo que él pensaba. Cada día descubrían quien era el causante de todos sus males desde que se quedó sin trabajo. Aquella cadena sembraba de preguntas su mente y buscó en Internet las respuestas. Estiró de todos los hilos necesarios. No entendía porque en la cadena amarga siempre hablaban de lo mismo. Era el momento de tomar partido para cambiar la realidad. Convertido en un amargo se dedicó a estudiar el comportamiento de los dulces. Les odiaba por ser tan dulces. La verdad residía en la amargura. Los dulces eran un mal ejemplo. Pero ahora dominaban el pais. Gracias a los dulces su pais se estaba llenando de salados. La sal es barata y compite con la amargura dejando a los amargos sin espacio.
Pero ya lo tenía todo preparado. Reunió toda la amargura de la que era capaz. Cogió una escopeta y su cámara de video. Y se dirigió a aquella pasteleria llena de dulces recién hechos.
Ese día decidió que seria inmortal.  

Palabras perversas

Pensamos a través del lenguaje. Lo que quiere decir que votamos a través del lenguaje. Sin embargo cada vez hablamos más y pensamos menos. Esta semana decía Toxo que los liberados sindicales no existen. Es cierto, la izquierda en particular ha permitido por falta de atención la contaminación del lenguaje. Los liberados sindicales no existen porque aquí nadie está liberado de hacer su trabajo. Existen los delegados sindicales con dedicación completa. Pero nadie utilizará ese termino. La diferencia es que la palabra liberación en tiempos de paro ofrece una sensación mucho más conflictual que la expresión “dedicación completa”. Otro de los términos a los que la izquierda no está prestando atención es la palabra “huelga”. Estamos dejando que cualquier cosa se le llame “huelga”. Si un colectivo asume una “baja médica” colectiva para paralizar el tráfico aereo se le llama huelga. Si un colectivo adopta un cierre patronal de farmacias también se le llama “huelga”. Y cuando otro colectivo decide dejar de realizar solamente parte de su trabajo -jugar partidos- pero sigue entrenando sin problema, a eso también le llamamos huelga. Pasaremos a la historia por ser el único país de Europa donde la huelga es cosa de ricos. A nivel político el término más perverso es “oposición”. De tanto ver al Partido Popular oponerse a todo pensamos que la oposición es eso. Lo cierto es que un lúcido amigo hizo visible la otra acepción. La oposición es un proceso de estudio exhaustivo con el objetivo de superar la prueba de las elecciones para llegar a gobernar. Por tanto, tampoco seria mediático sustituir “oposición” por “alternativa/s de gobierno”. Oposición suena más a conflicto. Y donde hay conflicto hay noticia. Y así vendemos más anuncios. Así hemos llegado a creer que si alguien deja de trabajar es una huelga, si alguién es un liberado es que no trabaja pero sin hacer huelga. Y si alguien está en la oposición pues lo tiene fácil porque solamente tiene que oponerse y decir lo contrario. Que tengan cuidado los indignados porque incluso fijense; hubo un día que intentaron convencernos de que esto no era una crisis. Era una simple dificultad.

Business as usual

La propuesta era tentadora. Como productor sabía que no debía hacerlo. Nunca había sido un ejemplo ético pero quizá esto era demasiado. Debe haber límites. Pero aún así dudaba. Y lo consultó con el Presidente. El presidente preguntó qué pasaría si lo hicieran solamente durante un breve periodo de tiempo. Él dijo que los índices de audiencia se dispararían pero no sabía exactamente cual sería la reacción al dejar de emitirlo. El presidente le dijo que él no se preocupara que tomaría la decisión personalmente. Así pues empezó a emitirse solamente en horario de prime time. Los índices de audiencia se multiplicaron. Los anunciantes ofrecían enormes cantidades de dinero para anunciarse en la cadena. El Consejo de Administración exigió que también se emitiera fuera de prime-time. Así comenzó a emitirse en horario adulto. Sin embargo, llegaron las navidades y finalmente se emitió también en horario infantil. Estaba en casa y por la mañana descubrió a su hijo frente a la tele. Conocía esos síntomas. Y en la cadena le habían prometido que nunca lo harían con niños. Ni siquiera le habían avisado. Cuando empezó a experimentar con ultrasonidos hipnóticos para calmar enfermedades mentales nunca pensó que su empresa lo ofrecería a aquella cadena italiana. Ahora su propio hijo vívia pegado a la pantalla. Y le exigía comprar un dragón robot que lanza fuego por la boca. Al principio era un simple encendedor pero el area comercial decidió extender el producto.

Houston, tenemos un problema.


Era la tercera vez que recogía sus cosas y tenían que cambiar de casa. Y Pau no acababa de entender tanto cambio. Pero su padre le prometió que sería el último. Le prometió que era el definitivo
Pau vivía en un pueblo de la costa hasta que fue más prudente acercarse al interior. El mar andaba embravecido y luchaba contra las playas. Y solía ganar. Poco después tuvieron que trasladarse al norte. La temperatura en el sur era ya insoportable. En cada pueblo fue dejando amigos y compañeros. Sus padres se podían permitir los traslados pero algunos de sus amigos se quedaron a expensas de la furia del mar. Y otros bajo la injusticia del sol.
Esta vez parecía la definitiva. A Pau le prometieron que nunca más volvería a llevar mascarilla al salir al patio. Que se acabaron los túneles de aire acondicionado y las lluvías artificiales. Pau podría usar la bici de su padre en lugar de quedarse en casa aunque tendría que aprender a utilizarla.
El traslado era aquella misma mañana. Debían acudir a la pista de despegue. Les acompañó su abuelo hasta allí. Él decidió quedarse. Tantos años de militancia verde le habían hecho coger cariño al planeta. Y aunque hubieran descubierto otro con mejores características para la vida humana y el doble de grande pensó que seguro que a él le quedaba menos tiempo que a la Tierra.  

Utopía


Hacía ya veinte años que Utopía funcionaba con algunos éxitos como la creación del Proyecto Bienestar. El Centro de Estudios Utópicos desarrollaba programas experimentales. Muchos de ellos quedaban en nada tras la ilusión inicial pero otros proyectos se desarrollaban y mejoraban los IFC (Índices de Felicidad Colectiva). Así surgieron varios programas experimentales como el Woman Liberties, Human Rights o Educación Universal. Pero sin duda el proyecto Bienestar era el que más famoso se había hecho. El Proyecto Bienestar proveía una red de asignaciónd de recursos que detraía la parte baja de los recursos excedentes de la parte alta.
A priincipios de los años ochenta se reunían en la ciudad de Neocon las principales corporaciones mundiales. La reunión de Neocon detectaba que Utopía frenaba sus posibilidades de negocio. Para ello fundó Marquet, un ambicioso programa de actuaciones en todos los ámbitos. Marquet reclutó los mejores jóvenes profesores universitarios y cada uno en su ámbito fijó una estrategia de virus social. Así, desde Marquet se creó Consumo, un virus cuyos efectos resultaban invisibles pero generaba un comportamiento adictivo.
Durante años el Centro de Estudios Utópicos y Marquet lucharon por defender su función. Mientras Utopía exigía sacrificios Marquet regalaba sueños.
Finalmente Marquet dio un golpe magistral. La creación de la Unidad Pragma. La Unidad Pragma fue una unidad de élite creada para infiltrarse en los nucleos de decisión. Los Pragma se infiltraron en todos los movimientos ideológicos existentes. Pronto consiguieron entrar en Utopía. La Unidad Pragma consiguió establecer filtros de financiación para el Centro de Estudios Utópicos. Cada estudio debía recibir el visto bueno tras un minucioso estudio de viabilidad económica. Gran parte de los proyectos de Utopía fueron desestimados.  Apenas quedaron algunos en referencia a la salud física. La salud mental nunca fue relevante. El virus Consumo se encargaba de generar una sensación de ingravidez y felicidad.

La piel que habito.


Había leido que la película no respondía a los esquemas típicos de Almodovar. Y esa curiosidad me llevó a la sala. Cierto que quizá no responde a ciertos esquemas pero sí circula por cauces de evolución cinematrográfica del director. La puesta en escena sigue siendo impecable. Con una escala cromática impactante, excelente uso de la luz y maravillosa gestión de las pieles con el maquillaje y numerosas metáforas sobre los disfraces en los que nos metemos a diario. Las localizaciones son inmejorables y el vestuario también lo es.
Conceptualmente se mueve en los mismos derroteros habituales dejando perfume a reflexión sobre la transexualidad, la homosexualidad pero esta vez con enorme ambición -el hombre como gestor de la naturaleza, la lucha contra el tiempo y la sensación de todopoderosidad-. Se queda a mitad de camino entre las películas tipo de criaturas creadas por el hombre que se rebelan contra él -Blade Runner o Frankenstein- y el western. El duelo final entre dos mujeres es impagable. Los planos están milimetricamente medidos a la perfección.
Sin embargo, el guión patina. Y patina por falta de verosimilitud. A pesar de que en ciertos momentos el espectador descansa en una espiral en que tiene la sensación de posible realidad. El proceso de gusano-mariposa, patito-cisne, cualquier proceso evolutivo vivido desde dentro está bien construido pero la acumulación de tragedias y los cierres de las excesivas tramas no están -bajo mi punto de vista- bien hilvanadas. Lo que configuran una magna acumulación de sucesos narrativos que, con un montaje roto que casi siempre suele poner sal en las películas, complican innecesariamente la historia. Pequeños detalles resultan aditivos y edulcorante. La masiva y fácil presencia de pistolas propia del mundo anglosajón podria haberse sustituido por algo más mediterraneo e igualmente pasional. Las manifestaciones de deseo son demasiado semejantes -lametazo continuo- y se podría haber trabajado más sobre el deseo contenido. La yuxtaposición de locuras de la que ningún personaje se salva dificultan la lectura. El telón de finalización es demasiado rápido y tras haber vivido una tragedia los títulos de crédito se saborean con una especie de sonrisa cínica que te devuelve a empujones al patio de butacas.
En resumen, una película que vale la pena ver si la comparamos con los bodrios americanos que suelen poblar nuestras salas y de los que, por cierto, se empieza a teñir el cine de Almodovar. Por ejemplo, la explicación del ovillo narrativo por el personaje de Marisa Paredes és más cercana al espectador "tonto" estadounidense que al "listo" europeo. Bueno.. quizá ya no..

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