La verdad está en la amargura


Siempre pensó que su destino era ser alguien especial. De alguna manera las humillaciones de la infancia no eran más que el anuncio de un futuro eterno. Sabía que se convertiria en alguién que todo el mundo recordaria. Tenía algo de miedo a salir a la calle y no le gustaba demasiado la gente. Le gustaba mirar la tele y hacer zaping. Hasta que descubrió aquella cadena. La cadena amarga. Cada día decían lo que él pensaba. Cada día descubrían quien era el causante de todos sus males desde que se quedó sin trabajo. Aquella cadena sembraba de preguntas su mente y buscó en Internet las respuestas. Estiró de todos los hilos necesarios. No entendía porque en la cadena amarga siempre hablaban de lo mismo. Era el momento de tomar partido para cambiar la realidad. Convertido en un amargo se dedicó a estudiar el comportamiento de los dulces. Les odiaba por ser tan dulces. La verdad residía en la amargura. Los dulces eran un mal ejemplo. Pero ahora dominaban el pais. Gracias a los dulces su pais se estaba llenando de salados. La sal es barata y compite con la amargura dejando a los amargos sin espacio.
Pero ya lo tenía todo preparado. Reunió toda la amargura de la que era capaz. Cogió una escopeta y su cámara de video. Y se dirigió a aquella pasteleria llena de dulces recién hechos.
Ese día decidió que seria inmortal.  

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