La historia del payaso sonriente

Su sueño era ser payaso desde la primera vez que pisó un circo. Le parecía mágica la capacidad para descubrir sonrisas en el fondo del corazón de un niño. Le pedía a los Reyes trajes de payaso y pelucas de payaso para disfrazarse y hacer reir a su hermana pequeña y a sus primos que venían de fuera. Cuando acabó el instituto se apuntó a la Humour Leaders School. Era privada y costaba bastante dinero pero necesitaba la titulación para trabajar en verano con niños en campamentos. Además era bilingüe y eso le permitía reforzar su ingles de paso. Todo el mundo hablaba bien de los titulados allí. Los mejores payasos se habían formado en aquella escuela. Lo había leido en un foro de Internet llamado payasadas.com. Solamente una cosa le hizo dudar. Un payaso retirado hacía intervenciones constantes en el foro para que la gente no entrara en aquella School. Pero se apuntó. La escuela permitía dos especializaciones: payaso feliz y payaso triste. Payaso triste era una especialidad pasada de moda. Se ofrecía pero no tenía prácticamente salidas profesionales. Decidió entrar en la especialidad de payaso feliz. Estuvo dos meses yendo a clase por las mañanas. Allí aprendía a sonreir siempre. Aprendía que no existe el no puedo sino el todavía lo estoy intentando. Aprendió que no existen las carencias sino las areas de mejora. Y se le quedó grabado que un buen payaso siempre debe sonreir. Algunos de sus compañeros se tatuaron la sonrisa. Y a él también le pareció que seria una buena idea. En todos los ámbitos de la vida se considera positiva la sonrisa. Así que pensó que esa sonrisa tatuada no le haría ningún mal. Pronto consiguió un buen trabajo de animador en un hospital de niños con enfermedades graves. Por fin era payaso. Llevaba la alegria al rincón más escondido, el corazón de un niño que sufre. Todo le iba bien y siempre sonreía. Todos sus amigos le envidiaban por su capacidad para sonreir a la vida. Siempre sonreía. Aquella mañana el móvil le levantó sobresaltado. Era su madre. Su padre había muerto en un accidente de tráfico. Fue al espejo y se miró sonriente. Se sintió culpable y estuvo horas intentando llorar sin conseguirlo. No quiso acudir al entierro de su padre sonriendo. Siguió en el espejo intentandolo. Y no pudo. Entonces recordó aquel viejo payaso que escribía en el foro. Se interesó por leer lo que decía. El viejo payaso insistía en la imposibilidad de elegir entre el payaso feliz y el payaso triste y que aquella escuela solamente formaba payasos sonrientes. Contactó con él por mail. Le contestó rápido. Lo vio por la cam. También llevaba tatuada la sonrisa. Le enseñó a maquillarse como payaso triste. Y así pudo despedir a su padre. Ahora acude a clases de payaso triste. Está en lista de espera para destatuarse la sonrisa.

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com