Los treinta y nueve escalones del niño raro

Creo que siempre fui un niño raro. Mi madre dice que de pequeño tenía un muñeco que se llamaba Ramón. Al salir a la calle le pedía que lo escondiera para que las otras madres no preguntaran por qué jugaba con muñecos si no era una niña. Jugaba sólo en la playa y en casa. Y me gustaba más ir al colegio que las vacaciones de verano. Dicen que los niños que juegan solos es porque tienen un gran mundo interior. No lo sé. No sé como es el mundo interior de los demás. El mío es un universo antigravitatorio en el que flotas constantemente a merced de la fuerza de la duda. El niño raro se hizo un joven raro y después un adulto raro. Este año se detuvo en la casilla de la cárcel condenado a vagar eternamente como un fantasma en el castillo de sus recuerdos. Luchó contra el dragón del amor verdadero y perdió. Las llamas le cegaron. Y te anudaron el grillete de la nostalgia que es la condena más rotunda. Condenado a vivir en el pasado durante todo su futuro. Y desde entonces el niño raro vive en una eterna escalera. Cuando consigue subir algunos peldaños le entra vértigo y se marea. Así los avances son retrocesos. Es una escalera cuyo final desconoce. Solamente sabe que es cuesta arriba y que los peldaños cada vez estan más altos. Este año fue el año en que las iniciativas naufragaron definitivamente en la tempestad de lo individual. Murieron ahogadas por la desidia y el menosprecio. Fue el año en que se apagó la vela de la ilusión de justícia y el equilibrio universal. El año de la renuncia a entenderlo todo. Precisamente fue el año en que nada se entendía. Los trapecistas domaban leones y los domadores querían hacer reir. Así que los payasos se lanzaban a redes que los hombes grises habían robado. Y así fue como te convertiste en rey del reino de Oz , escondiendo tu valentía, anestesiando tu cerebro y viviendo sin corazón. Con una corona blanca y la mirada más sabía pero más cansada. Cabalgando a lomos de un caballo negro. Huyendo del horizonte que siempre habías perseguido. Echando de menos volver a equivocarte. Echando de menos encrucijadas de dos caminos correctos. Echando de menos echar de menos. Y te sacudiste el mundo para quitarle el polvo acumulado de tantos años. Para empezar a ser invisible. Mirar sin que nadie te vea. Eso te hace feliz. Mirar todo desde una mirilla. Para que nadie ya.. supiera que eras raro.

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