Balada triste de campaña

Es una campaña electoral triste. No me digan que no. El circo electoral se reduce a dos pistas y el protagonista acaba por ser el payaso triste. Sin trapecistas ni domadores el circo se convierte en un cerco. El circo electoral pone los títeres mientras en la oscuridad las malas sombras mueven los hilos. Los debates parecen un teatro de guiñol. Muñecos a los que los mercados mueven los brazos y la boca. Dos teleñecos que cantan la misma canción en diferente tono mientras suena una balada triste de campaña. Nos acercamos a las urnas con resignación. Sabedores de que ganará un perdedor y perderá un ganador. La catarata de las tijeras se escucha al final de la placidez de un rio de desempleo y falacias neoliberales. Es una campaña triste. Los partidos se afanan en incluir programas electorales que pretenden tener previsto lo imprevisible. Ya nadie lee programas. Ni siquiera programa sus lecturas. El programa electoral caduca antes de ser escrito. La realidad es más rápida que su planificación. El programa debería contener métodos y no objetivos. Debería contestar más al cómo que al qué. Las redes sociales se pueblan de candidatos que repiten el eco de consignas cocinadas en laboratorios de comunicación. La política se robotiza. La industrialización del voto se fabrica en cadenas de montaje mediáticas con mensajes enlatados llenos de conservantes y casi sin sabor. Una persona, un voto. Así se despersonaliza el voto. Las dos factorias de votantes principales se empeñan en mantener su oligopolio electoral. El bipartidismo es una apariencia democrática. Sin más participantes la política se convertirá en una alternancia paciente basada en el error no forzado. Es una campaña triste. Las ideas más rentables en votos se expresan con silencio. La palabra perdió su valor de cotización. La estrategia de Rajoy pasará a la historia del marketing político. El hombre que nunca dijo nada y ganó unas elecciones. Es una campaña triste. La magía la tendremos que poner los votantes haciendo salir palomas del cerebro de los simples votadores. Encontraremos las alternativas a la alternancia. Esta vez no es suficiente con votar. Los electores tendremos que poner alegria a esta campaña triste. Voten a los partidos minoritarios. Son los únicos que pueden devolvernos la alegria de los niños.

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