Mou: el futbol de derechas

El futbol, como el cine o la televisión, es una víctima de su tiempo y una metáfora absoluta de cada época. No fue casual aquel Madrid de las seis copas de Europa ni la Argentina del 78 o la Holanda imaginativa de Cruyff. Ni tampoco escapa a la situación actual.

Desde que la humanidad existe hay dos concepciones sobre la esencia del hombre. Hay quien parte de la idea de que el ser humano es malo por naturaleza y quien sostiene que es bueno por naturaleza. Y así ha sido siempre. Las primeras ideologías -las religiones- lo certifican. Incluso el cristianismo tiene dos escuelas, la del Dios vengativo y rencoroso y la del Amor con mayúsculas. Luego llegarían Hobbes y Rosseau. Y finalmente Mourinho y Guardiola.

El Real Madrid actual es un auténtico símbolo de la derecha futbolística. Para Mourinho vale casi todo. La trampa es una regla más. El liderazgo místico unido a la adhesión personal perpetua. Fomenta la cultura del miedo y la desconfianza. Individualiza el equipo en jugadores sumados y egos superlativos.  El juego basado en la fuerza, en la técnica individual y el empuje. La desaparición de los valores clásicos del madridismo frente a los nuevos valores de la competitividad por encima de todo y el resultadismo. Recuerdo ahora las declaraciones del presidente en las que decía que el estilo del Madrid "es ganar". El cortoplacismo como regla básica y el consumismo de jugadores caros comprados con hipotéticos ingresos futuros. Gestiona el silencio cuando le place dejando sin la palabra a sus jugadores y obligando a tomar la palabra a su afición. Situa lo individual por encima del equipo, divide la plantilla en patrones de conducta incluso es capaz de humillar la inexperiencia en público.

El modelo Guardiola es de izquierdas. Porque situa lo colectivo por encima de lo individual. Porque asocia entre elementos creativos una sinergia de juego superior a la suma de calidades invididuales. Porque cree en la trayectoria a largo plazo de un club con jugadores de la cantera de muchísima calidad. Porque focaliza el objetivo en un proceso -el juego- y no en un destino -el resultado-. Guardiola es firme en la convicción de que la felicidad conduce al resultado. Confia en la gente joven y crea valor añadido en cada nuevo jugador. Impone la modestia y la austeridad. Olvida el fasto de los viajes el día de antes. Sustituye lo autoritario por la autoridad. Trabaja con seriedad y rigor para ofrecer alternativas. Y horizontaliza el equipo para ofrecer un espectáculo histórico dificil de olvidar.

Futbol es futbol. Bueno, igual a veces es algo más.




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