Perdedores y perdidos

Quizá hoy sea uno de esos días en que llegue a casa y mi hermana me diga "tete, hoy no te ha entendido nadie". Quizá mañana sea uno de esos días en que mi amigo Isaac me diga que me he vuelto a refugiar en la infancia porque eso siempre me funciona. Quizá hoy sea uno de esos días en los que no me entiendo y por eso necesito explicarme. Uno de esos día en que siento haber perdido después de haber ganado.

El otro día hablaba con un amigo que escoger ser del Valencia de pequeño en segunda división marca para toda la vida. Te marca como un perdedor. No un perdedor vital sino un perdedor porque sabes perder. Te sabes parte de un colectivo que nunca será un ganador perpetuo lo que te obliga a trabajar, pensar, perseverar y ser humilde en la ambición del crecimiento perpetuo.

Hoy quiero escribir sobre esos perdedores. Y no lo haré con ninguna connotación negativa. Me encantan los perdedores porque tienen mucho más de reales y son muchos más que los ganadores. Ganador hay uno y ti te encontré en la calle. Educacamos a nuestros niños para ser los mejores. Una posición relativa que esclaviza para toda la vida. No creo que haya que educar para ser los peores. Creo que hay que educar para ser alguien que se parezca a uno mismo.
Los perdedores de los que hablo son heroes que salpican de épica la vida cotidiana. Este perdedor es aquel que se siente lo suficientemente fuerte para competir pero pierde y sabe hacerlo. Sin los perdedores los ganadores serían simples figuras a la espera de un reto.

Supongo que pertenezco a diversos colectivos de perdedores. Soy de esos perdedores que derrama lágrimas al ver como un tribunal se atreve a juzgar una concepción de la justicia. Mientras los verdugos mueren sin condena y con honores de sacarina televisiva las víctimas soportan la guillotina postmortem de la vergüenza y la desmemoria histórica. Soy de esos perdedores que iria en un camarote interior de un crucero del mes de enero luchando por sobrevivir mientras el capitán abandona el barco y se acerca a tierra. De esos perdedores que se reflejan en filosofias ajenas de éxito y bautizados de Guardiolismo no entienden que hablar de las cosas que hace bien el rival suponga una merma competitiva. Una hormiga perdedora que se niega a morir enterrada en la pirámide financiera de faraones megalómanos. Uno de esos perdedores que acaba por no ser realmente yerno de nadie y acaba por vivir en la república independiente de su casa.
Supongo que soy un gran perdedor. Pero siempre preferiré ser perdedor que ser un ganador perdido.
Existe una frase muy famosa sobre la que he hecho más de un chiste malo. La dijo un médico argentino con asma destinado a ser un perdedor y que acabo perdiendo pero no perdido.  De derrota en derrota hasta la victoria final. Porque la victoria final es precisamente perder y seguir luchando.Caer y levantarte y seguir andando en la misma dirección.
Que razón tenía usted, comandante. Porque solamente el día que dejemos de ver más allá del horizonte.. quizá hayamos ganado pero estaremos perdidos.

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