Iaio cuéntame otra vez

Yo creo que ya les he hablado de mi iaio Antonio. Mi iaio no fue un heroe. De hecho en términos cinematográficos fue un antiheroe como el  Gran Lebowsky al que le iban pasando cosas casi sin querer. La guerra le pilló con 17 años en un pueblo de la sierra de Almeria. Y le tocó ir para allá sin saber muy bien por qué. Mi iaio Antonio apenas sabía leer y escribir lo suficiente para dejarnos las notas de los Reyes Magos a sus nietos en un papel. Recuerdo que me contaba historias sobre la herida de bala de su tobillo y sobre lo que comía o no podía comer en guerra. Tras los tres años de guerra hizo tres años de servicio militar lo que le tuvo alejado de mi iaia casi unos seis años. Entre los 17 y los 23. Su juventud. Perdió toda su juventud. 
¿Y este cuento a qué viene? Pues viene porque parece ser que ya molestó la historia del abuelo de Zapatero y ahora vuelve a molestar la historia del abuelo de Carme Chacón que perdió su juventud y Carme recuerda como deuda con su abuelo.

Todos los que estamos en la defensa de posiciones ideológicas (a diferenciar de la opción partidista) tenemos en nuestros recuerdos una chispa, un momento que encendió el fuego, una injusticia, una rebeldía,  una emoción en definitiva. En un mundo en que nos quieren convencer de que la economia y sus derivadas -la eficacia, eficiencia, competitividad, productividad- son lo más importante yo les digo que eso es mentira. Vivimos para ser felices y somos felices a través de las emociones. Y es verdad que algunas emociones se compran. Pero otras no. La sonrisa de mi sobrino no se compra con dinero. Y un abrazo en un día malo tampoco.
Mi chispa fue en la universidad. No recuerdo cuantas firmas llevaba ya a favor de insumisos ante el servicio militar. Yo no quería ir a hacer de soldadito. No compartía sus valores ni quería hacerme un hombre. No me había esforzado en tener una mente entrenada para que me la anularan un año de mi vida. Así que mi primer contacto ideológico fue el movimiento de objeción de conciencia. Teorico amante de las ideas como soy me debatía entre frases de Einstein y de Bob Dylan hasta que un día escuché a mi abuelo.
Un día le hablaba de este tema y él me dijo. Tú no te preocupes. Tu iaio hizo la mili por ti y por tu primo. Ese día entendí que puedo complicar las cosas tanto como quiera que ya estaba mi iaio Antonio para simplificarlas. Sin haber leido nada me enseñó casi de todo. Y supongo que fue una chispa sobre un campo seco.
Nunca escuché de la voz de mi abuelo rencor alguno en el recuerdo así que no estoy pasando factura de nada. Pero él se encargó de morir un 6 de diciembre -día de la Constitución- para recordarme cada año que algunas de las cosas más importantes se consiguieron con mucho sufrimiento de unos pocos heroes y un montón de gente como mi abuelo.Y si alguna de las dos veces que he estado a punto de ser elegido concejal lo hubiera conseguido hubiera cerrado los ojos para acordarme de él.
Así que yo entiendo a Carme. Y seguro que tú también.



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