El movimiento 15-M es conceptualmente un extraordinario objeto de estudio porque supuso la ceremonia de iniciación ideológica de un montón de gente que acudía como un continente vacío con paredes de buenas intenciones. De inicio denota una gran fractura generacional ideológica que me atrevo a situar junto a la fractura digital. Mi generación está justo ahí y eso supongo que me permite mirar a ambos lados.
Uno de los elementos no analizados del movimiento 15-M que ha creado escuela es la densidad. El 15-M ha creado un nuevo tipo de movimiento ideológico: el movimiento líquido.
El movimiento líquido presenta características diferenciadas de los movimientos sólidos ideológicos clásicos. Esta misma semana he acudido a dos actos, una manifestación contra la reforma laboral impulsada desde OII sólidas y una contra la brutalidad policial incitada por una OII completamente líquida.
Hacer un análisis exhaustivo de las características de ambas categorías sería un apasionante trabajo de análisis. De momento sugiero algunos hilos de los cuales estirar.
Las OII líquidas son adaptables al recipiente ideológico. Así una misma marca blanca o minimizada (hashtag original o sigla urgente) puede dar cobertura a comportamientos diversos en incluso contradictorios sin que la marca se resienta excesivamente. Se basa pues en la transparencia, como el agua, la gestión de la diversidad y la contradicción, lo que les lleva a una escasa operatividad más allá de la canalización de una emoción concreta (brutalidad policial). No son capaces de tomar decisiones ni de aportar en positivo o mejor dicho no se encuentran cómodos en esas posiciones aunque sean capaces de aportar. No es su misión en términos estratégicos. Las OII líquidas por tanto se adaptan extraordinariamente al recipiente y destacan por su agilidad en la gestión de la alarma, la movilización y la respuesta. Tienen carácter reactivo y se evaporan cuando la temperatura es demasiado elevada pero en su punto de cocción son capaces de casi cualquier cosa. Aún así obtienen muy buenos resultados en muchos aspectos especialmente los referentes al pegamento humano en una OII. Sus miembros se sienten unidos sin necesidad de características sólidas (un manifiesto, una sigla, una bandera) con lo que la adhesión es interhumana y no mediada con ida y vuelta hacia arriba. Su puesta en escena se basa en la improvisación y la imaginación, la libertad de pensamiento y la visión coral global.
Las OII sólidas son las que conocemos de toda la vida. Son lentas, jeraquizadas, farragosas, también son incoherentes pero gestionan la incoherencia con opacidad, intentando tapar la disidencia para -según la teoría clásica- no abrir fisuras por donde pueda profundizar el adversario ideológico. Su estructura es vertical y sus medios de comunicación siguen siendo el papel (las citaciones a reuniones por ejemplo) y a lo sumo el correo electrónico o el sms. son transatlánticos de maniobra dificil y siempre escorada en pocos grados. Incapaces de dar la vuelta o girar 90 grados de golpe. Su pegamento humano está basado en la tradición, la costumbre y la racionalización y construcción intelectual por lo que renuncian a componentes emotivos. Su puesta en escena se basa en la consigna única o limitada sin espacio para la aportación individual publicitada ni la libertad de pensamiento. Eso sí es avasalladoramente publicitada por mil reglas de merchandising en búsqueda de una visibilidad de la que se supone se obtiene retribución en forma de adhesión o notoriedad mediatizada.
No me extenderé mucho más en las características. La cuestión seria intentar conseguir ahora mismo una OII magmática. Esta OII debería aunar las mejores características de ambas organizaciones líquidas y sólidas. Conseguir la agilidad suficiente para trazar un determinado camino pero adaptándose a la orografía del terreno, obteniendo el grado óptimo de horizontalidad de manera que el liderazgo se asiente sobre el talento. Necesitamos un material ideológico que soporte bien las altas temperaturas sin evaporarse. Necesitamos obtener densidad e intentar conseguir adaptarnos a cada recipiente pero ir rellenando los huecos por los que la OII pasa en su misión. Dejar huella por donde la OII ha pasado de manera que aquel espacio no vuelva a ser el mismo. Avanzando de manera imparable. Gestionar un determinado grado de transparencia no patológico donde el individuo no acabe subsumido en una marca corporativa y jerarquizada.
En este momento las OII sólidas deberían plantearse la manera de obtener liquidez y reconvertirse en magmáticos porque esa es la única manera que tendrán de sobrevivir. Los jóvenes ya no comen sino que beben ideología.
Internet no es una tecnología. Es una manera de pensar. Y por lo tanto, una manera de sentir.
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