La mirada suprema de los verdugos

Reconozco que soy un poco friky ideológico y me gusta que los viajes que hago tengan una pizca de todo. Y eso incluye un barniz de pintura social. Así que este verano inicie lo que llamo "mis viajes al horror" dentro del apartado de viajes con sabor a ideologia. Y visité dos campos de concentración nazis. El primero fue Auschwitz.
Auschwitz es un memorial enfocado desde el punto de vista de las víctimas donde las muestras de dolor no se esconden y se muestran de manera terrible a la mirada del visitante. Auschwitz es un gran cementerio de víctimas y así se respira en su atmosfera y en la explicación respetuosa de la guía que te acompaña. Nada se oculta ni se amabiliza. Ni siquiera se neutraliza. Tienes el horror humano ante ti separado por tan solo un cristal sucio. Por eso, lo que más llama la atención es la personificación del horror.

Es la mirada compasiva de las víctimas.

Pocas semanas después visité mi segundo campo de concentración. Esta vez fue Dachau. Situado junto a Munich, Dachau es también un memorial. Sin embargo allí ya se trasluce la mirada conjunta de víctimas y verdugos. Donde en Auschwitz hay restos, en Dachau hay fotografias y donde en Auschwitz hay objetos en Dachau hay murales. La mirada aparece filtrada y no obscena. Es la mirada culpable de una nación.

Aún así, lo que menos llama la atención de Dachau es el reconocimiento colectivo de una masacre. Dicen que los niños alemanes deben visitar al menos tres campos de concentración antes de entrar a la universidad. Yo lo dejaré en dos. Ya he tenido suficiente.
Ese intangible colectivo que gestiona el silencio respetuoso para las víctimas y el grito unánime para los verdugos se llama memoria histórica. Y llega a todas partes. En el museo de cera de Berlin, Hitler aparece casi loco y abatido en una mesa del bunker donde se suicidó para su propia vergüenza. En Alemania Internet se criba cada dia a la búsqueda de cualquier tipo de apologia nazi. En Alemania los partidos nazis estan prohibidos y perseguidos.
Pero mi primer viaje al horror había sido un mes ante. Fue al Valle de los Caidos donde descansa orgulloso Franco, muerto en la cama de un hospital, junto a José Antonio Primo de Rivera fundador de Falange Española. 
Al acabar la guerra civil el aparato represivo del estado fascista de forma organizada y selectiva envió a la cuneta a 150.000 españoles causando un genocidio ideológico que nunca se ha investigado. Muchas familias no saben dónde descansan sus seres queridos. Esta semana cuentan sus historias de horror en una sala del Tribunal Supremo donde se juzga a un juez por intentar investigar aquellas muertes. La demanda la presentaron dos colectivos de ideologia ultraderechista que son legales en España. Y en su redacción colaboró el juez de instrucción del Tribunal Supremo.
Es la mirada suprema de los vérdugos.


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