Siete días, siete noches

Lunes: Me levanto temprano, moribundo, perezoso resucito, bienvenido al mundo. Con noticias asesinas me tomo el desayuno. Trabajo con la herida abierta de la reforma laboral. Acudo a mi cita con la Tenda de Comerç Just. Dos productoras de café de Nicaragua nos visitan. Nos cuentan su realidad. Son paises ricos en recursos pero empobrecidos por mil circunstancias. Entre ellas el beneficio de los del norte que somos nosotros. Nuestra pasividad es complice.
Martes: Mi trabajo me permite relacionarme mucho con mis compañeros. La reforma financiera obliga a las entidades a sobredotar la cantidad de inmuebles que se han quedado con cargo a beneficios. Las entidades más pequeñas no podrán soportarlo y las grandes ya veremos cómo. Habrá fusiones. La reforma laboral incita al despido y cuestiona las prejubilaciones. Todos estamos preocupados. Miedo a perder el puesto de trabajo en un sector que jamás había tenido ese miedo.
Miercoles: Es el día de la primera "sobrino experience reivindicativa" acudiendo a la manifestación del Puerto contra los recortes en educación. Pau sonrie ajeno a todo lo que sucede a su alrededor. Pronto irá a la guarderia. Entrará en un sistema educativo recortado injustamente e inútilmente. De momento ha descubierto el poder de las manos. Mira como los demás las mueven e intenta hacer lo mismo con las suyas. Pronto aprenderá a levantarlas.
Jueves: Llego a casa de trabajar. Me conecto y veo que los estudiantes se manifiestan y son golpeados por la policia. Ayer expulsaron de Les Corts Valencianes a una diputada por llevar una camiseta en la que ponía "no nos falta pan, nos sobran chorizos". Grecia arde en sentido literal y el discurso corriente sigue hablando de "mantener el orden".
Viernes: Acudo por la tarde al Casal Jove a ver un documental con un título elocuente "Escuchando a Garzón". El juez será inhabilitado un 23-F. Ese día y no otro. Tras un juicio supremísimo convertido en una emboscada.
Sábado: Se convoca una huelga de consumo en la que participaré. Quizá esa sea la manera en la que el poder económico entienda que dependen de nuestros consumos y que empobrecernos a nosotros es empobrecerse a ellos. Estamos unidos por el pegamento consumista.
Domingo: Acudo a Valencia a la manifestación contra la reforma laboral porque no quiero convertirme en un pais empobrecido por la pasividad. Espero saludar a mis compañeros preocupados por sus puestos de trabajo. Llevaremos a Pau a su primera gran manifestación por su propio futuro. Miraré con miedo a la policia que trata de mantener un orden violentado. Y exigiré justicia alejado de los tribunales. Me dejaré el miedo en casa y probablemente consuma algo.

Y todo ello servira de algo. Servirá para volver a empezar un lunes con la lucha heroica cotidiana de vivir con dignidad. Y poder dormir con la conciencia tránquila siete noches más.



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