La gran esperanza francesa

El resultado de las elecciones en Andalucía era determinante por varias razones. Si el PP hubiera ganado en Andalucía las Comunidades Autónomas se hubieran convertido en títeres del gobierno central. En el caso valenciano no sé si habrán notado el cambio de lenguaje reivinidicativo hacia el Gobierno Español. Antes era constante, ahora el silencio es total. Ya nadie se acuerda de la financiación injusta que nos asignan a los valencianos mientras estamos en la cola de prestaciones sociales en España y por ende en Europa. La culpa era de Zapatero pero ahora no es de Rajoy.
No me desvío del tema. La izquierda ideológica requería de un resultado tan estudiadamente perfecto.  Izquierda Unida tendrá que plantear opciones realistas para el hoy saliendo del no rotundo y del pasado mañana. El PSOE tendrá que abandonar la soberbia andaluza que le llevó a creerse inmortal y tendrá que ladearse a la izquierda de donde obtiene más de un tercio de sus votos. El PP se olvida para siempre de la omnipotencia española porque se le cuela una cuña roja de cristal en el centro de su pensamiento. Andalucía resiste, gracias al calendario quizá -ya hubieramos visto estas mismas elecciones en noviembre pasado- pero resiste.
La importancia de esa cuña "roja" es la de marcar las relaciones socioideológicas en España. Andalucía ahora tiene la necesidad de ser el estandarte de un nuevo PSOE, su banco de pruebas sin experimentos, donde no puede escribir promesas sino gestionar realidades. Y tendrá que ofrecer una alternativa creible a las arenas movedizas en donde nos mete en el PP que cuanto más nos movemos más nos hundimos.
El PP ya no tiene el monopolio del discurso estatal y tendrá que competir con otro mensaje interno más ilusionante, más cercano a la gente, más humano.
Ahora necesitamos una cuña europea para compensar a los robots de la derecha alemana. En cosas de unas semanas hay elecciones en Francia. Y los españoles del presente nos jugamos algo más que ir a la vendimia. Ahora nos jugamos la cuña europea que balancee el extraño laberinto europeo desde que empezó la crisis. Me confieso afrancesado.  La izquierda alemana tiene solidez pero no tiene chispa. La izquierda nórdica es perseverante pero poco comunicativa. La izquierda francesa tiene su punto de reflexión sólida y su punto de creatividad. Tienen imaginación.
En 1997 me enfrenté a un mercado laboral donde uno de cada dos jóvenes de mi edad estaba en el paro. A los universitarios se nos ofertaban contratos basura. Un banco había sido intervenido pocos años atrás. Y la corrupción estaba en las portadas de los periódicos. No sé si todo eso les suena. Para abordar todo esto la izquierda primero se cohesionó en la resistencia al cambio. Pero eso no fue suficiente. Fue valiente, fue importante, pero no era suficiente. En 1998 en Francia empezó a hablarse de una jornada laboral de 35 horas. Esa idea fuerza consiguió ilusionar a la izquierda europea en general. La gente de izquierdas necesita ilusión, una causa justa por la que luchar. La fábrica de la ilusión ideológica suele estar en Francia. Que nadie espere nada de los anglosajones o de los chinos, que tenga que ver con la felicidad y el trabajo.
Si la izquierda gana en Francia y lo hace con ideas fuerza, toda la izquierda europea tendrá una coartada perfecta para presentarse como alternativa creíble.
Todos tendremos un alguien que diga lo que yo pienso, alguien que piense lo que yo digo.

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com