Motivos para una revolución

Quizá el título sea grandilocuente pero la situación lo es. Si analizamos la realidad solamente de los últimos meses podemos llegar a la conclusión de que existen motivos más que suficientes para ejercer un proceso de transgresión y desobediencia que consiga un vuelco de situación. El círculo se ha cerrado con la impunidad policial. Ayer se supo que no habrá ningún expediente a ningún policia y ninguna dimisión por las agresiones policiales de Valencia (#primaveravalenciana). Con este carpetazo de otorga la impunidad necesaria para convertir fuerzas del orden en fuerzas de represión ideológica.
De lo que se trata es de convertir al ciudadano político nacido de las revoluciones burguesas liberales en Europa en el ciudadano consumidor nacido en los Estados Unidos de la evolución capitalista. Y para ello el Estado de Bienestar se transforma en Estado de Consumidad (consumo + comodida) quizá falsa e invisible pero de sensación cierta. Para ellos se estan utilizando todos los medios y todos los poderes de Montesquieu y algunos posteriores.
El poder legislativo pierde legitimidad con procesos de corrupción de condena mediática (por tanto parcial) pero sin respuesta judicial, sin condena global. La impunidad corrupta deslegitima a los elegidos aunque lo sean democráticamente. Además, el poder legislativo bebe de fuentes desfasadas y sesgadas. El sistema electoral deja huerfanos a millones de españoles que no son capaces de mirarse en el espejo del Congreso de los Diputados. E incluso se ha producido un deterioro de calidad democrática en el ejercicio absolutista de las mayorías haciendo chocar legitimidades constitucionales (abordaje a la legitimidad sindical por ejemplo) y machacando a las minorias organizadas y activas. Ese desprecio de lo minoritario deslegitima el ejercicio del poder incluso nacido de las urnas.
El poder ejecutivo no anda mejor. Desconocemos cuáles son los nucleos de decisión. No sabemos quién toma las decisiones que nos afectan. Sabemos quién nos las comunica pero no quién las toma. No sabemos si es Bruselas, la Troika, el FMI o simplemente Merkel. Ninguno de ellos ha sido votados por nosotros directamente (Bruselas tiene un sistema de representación indirecta). El ejecutivo incluso ha llegado a estar a merced de entes especulativos llamados "mercados financieros", conceptos oscuros que se utilizan como coartada para tomar cualquier tipo de decisión. El ejecutivo además anda fraccionado en estratos y nuestro nivel de exigencia sigue centralizado. El electorado utiliza una vara de medir exigente para el poder central (lupa mediática concentrada) y una menor para los poderes más próximos aunque pueda parece increible. Los perdones en las urnas se administran hacia los más cercanos ante gestiones pésimas.
El poder judicial y sus brazo ejecutor policial dejan de ser potenciadores de libertad (lo fueron durante muchos años)  para ser represores de iniciativas tanto individuales (Garzón) como colectivas (Estatut de Catalunya). Cualquier persona o colectivo que se aparta de consenso básicos de otras décadas es separado y llevado a la periferia del pensamiento, censurado y represaliado con inhabilitación o agresión física directa. Esto genera incapacidad de evolución de pensamiento u organización. Evidentemente no estamos en Siria donde la gente muere. Pero estamos dos pisos más abajo. Y quedará demostrado en la huelga general donde la policia tendrá órdenes de conflictualizar.
El poder mediático fue gestionado en la década anterior mediante concesiones y concentración empresarial. La emergencia de nuevas tecnologías permitió a los gobiernos del PP situar sus centinelas mediáticos. La burbuja mediática hizo el resto con un efecto llamada para corporaciones y grandes empresas a entrar en el accionariado de los grandes medios.
El poder económico (el mercado) es el que manda y ha fracasado como único gestor de eficiencia económica. Cuánto más mercado más desigualdad. Por no hablar del despilfarro de recursos en relación con el planeta en qué vivimos. La desigualdad norte-sur es la expresión más clara de explotación del hombre por el hombre. La destrucción del salario indirecto no generará más libertad sino más desigualdad. El poder económico fomenta un suicidio lento, paulatino y placentero.
De manera que no nos podemos fiar completamente (subrayo el completamente) de los medios, ni del Parlamento, ni del Gobierno, ni de los jueces ni de la policia mientras el poder económico se erige como capitan del barco y nos lanza contra el acantilado.
Honestamente creo que hace falta una revolución por grandilocuente que suene. Y tiene que venir de abajo. Como todas.

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