Sin periodismo no hay democracia

El pasado miércoles los periodistas de toda España estaban llamadas a una jornada de movilización para reforzar su dignidad profesional. El sector de la comunicación pasa como tantos otros por un momento dificil pero la crisis del periodismo viene de más lejos.

Desde la invención de la imprenta surge la posibilidad de compartir conocimiento. Surgen personas que nos cuentan realidades diferentes; o realidades propias vistas por unos ojos entrenados para ver más allá de lo que pasa. La agenda pública se va haciendo más amplia cada vez y se van necesitando más y mejores profesionales para atenderla.
Con la llegada de la democracia se hace imprescindible que alguien haga circular la información. La democracia se basa en una opinión pública bien formada. El ciudadano debe tener el mayor acceso posible a información de calidad para poder formar una opinión a la hora de comportarse, también electoralmente.
Así nace el cuarto poder, el mediático, como un contrapoder de los otros tres nacidos de las revoluciones burguesas. El poder que controla al resto. Y así ha habido evidencias históricas de profesionales del periodismo que se han jugado todo por llevar la verdad a las casas de la gente. Eran épocas de un periodismo más épico, donde al mundo de la comunicación solamente se acercaban personas con vocación de servicio público. Era gente que pensaba en sus lectores, que creía en su función social de contraposición de puntos de vista, de imparcialidad superadora de la objetividad.

Con la llegada de la burbuja informativa -de la que nadie habla- las universidades se poblaron de estudiantes de periodismo, inversores acudieron a las empresas de comunicación y grandes directivos invadieron el nido como hace el cuco con los nidos de otras aves. Se produjo el giro copernicano de la comunicación. La noticia se convierte en un materia prima cualquiera y se busca la minimización de costes. La noticia se devalua en calidad aunque crezca en cantidad.
Al llegar la crisis  los periodistas fueron los primeros en caer. Ha sido un goteo constante de cierre de medios y despidos de colectivos. Sus condiciones profesionales nunca fueron excesivamente buenas pero con la crisis económica se caen por el precipicio de la precariedad laboral y el miedo al despido. Es el campo abonado para publicar cualquier cosa si esa cosa llega a tiempo. Es el campo en el que todo se convierte en entretenimiento y todo debe ser entretenido.

Esta semana se han afirmado. A mi me tienen ganado. Todos ellos y ellas lo saben. Porque no me atreví a tomar la decisión que ellos tomaron. Creer en esa profesión preciosa que practican. Ahora les acompaño en pequeños trayectos del camino. Desde el brillo de ojos de ver como creen en su oficio y luchan por conservarlo con dignidad.

Les necesitamos. Necesitamos profesionales íntegros con condiciones dignas y trabajos estables. Profesionales que puedan profundizar y sepan hacerlo. Profesionales que se sientan seguros y solamente tengan miedo a defraudar a sus lectores/oyentes/espectadores. Necesitamos que se unan como en sus inicios para pedir dignidad profesional. Para recordar que las noticias no son mercancia, que la gente merece mucho respeto. Necesitamos periodistas que puedan pensar. Sin tiempo para pensar no hay periodismo. Y sin periodismo, no hay democracia.

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