Somos bancarios, no banqueros

España se ha convertido en un paredón constante en el que fusilar colectivos. La última ola se ha centrado en la banca. Trabajo para un banco pero no soy banquero, y me gustaría rubrayar algunos matices para evitar que el tsunami nos ahogue a todos.
Hace años que desde dentro un montón de profesionales reclamamos una manera de hacer banca diferente. Hace años que los gritos que ahora se oyen en las calles los venimos susurrando al oído de nuestros compañeros. Pero las empresas no son instituciones democráticas. Nuestros directivos nos facilitan las instrucciones a cumplir en cada momento. Algunas con mucho sentido y otras no tanto como denunciamos en nuestra hojas sindicales. Sin embargo cada vez contamos con menos instrumentos para defender nuestra posición profesional por encima de esas órdenes que no siempre son socialmente saludables. Cada reforma laboral nos debilita y cada nueva regulación de provisiones dificulta la situación de nuestras empresas.
La banca tiene una función social. No hablo de una obra social. La función social es la generación de mercado de capitales. Que la gente que necesita dinero lo tenga para poder crecer y comprarse una casa donde vivir y no especular, un coche con el que poder ir a trabajar. Y que la gente que tenga dinero ahorrado reciba su premio en forma de rentabilidad. A ello se ha unido un sinfín de servicios imprescindibles para el funcionamiento económico.
Es cierto que la banca tiene mucha responsabilidad en la situación actual. Pero me gustaría hacer dos distinciones. La primera por entidades. Toda la banca tiene responsabilidad pero no toda la banca tiene la misma responsabilidad. Existen todavía prácticas bancarias y entidades bancarias que conservan parte de su sentido existencial.
La banca se ha dejado llevar por la avaricia como lo han hecho otros muchos sectores. Y debemos procurar generar los instrumentos para que vuelva a mirar con lupa su verdadera función social. Buscando a los responsables que nos han traicionado y llevándolos ante la justicia y buscando las soluciones más inteligentes para devolver al motor los caballos que necesita, que a veces pasan por curar las heridas con dinero público siempre que sea de manera temporal y con camino de regreso. O quizá con la recuperación de una banca pública. Podemos hablar de ello sin satanizaciones.

Hace años que profesionales de larga trayectoria, honestidad, conocimientos y actitud junto con las estructuras sindicales de cada entidad proponemos fórmulas alternativas, que denunciamos el abuso comercial desmedido que ha llevado a la situación de las preferentes, que exigimos un Código Ético para los profesionales de banca de manera que determinadas conductas puedan ser afeadas, que denunciamos que la retribución variable en función de ventas es un peligro social, que no es suficiente la regulación exhaustiva sino una revisión de los roles directivos en el mundo financiero.
Dentro decimos cosas que usted está gritando en la calle. Necesitamos su fuerza más que su rabia para que nos hagan caso. Más allá de la catarsis, dentro hay resistencia, no nos metan a todos en el mismo cajón: Somos bancarios y no banqueros.

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